OJOS

Tus pupilas relajaron mi cara

y en mi alma entraron tus ojos.

Si al verte mi soledad menguara

no sería este andante en despojos.

Sólo quise que la rosa no muera

ni una dentro de aquel manojo tuyo

tanta nostalgia en este tiempo frío

para ti, un simple pasatiempo.

 

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Sentimientos

Tomé tu pequeño brazo

por campos de olivares

tus ojos fueron anhelo,

mis amores estivales.

Entre suelos caramelo

y aromas de jarales

sentí amor de cerrojo,

era rey entre mortales.

No sé si eres caricia

o una luz vacilante

estaba enamorado

de ti. ¡Ay! Si me escuchases

Lanzamiento de mi nueva obra

Estimados lectores,

Terminada mi nueva obra “Entre tú y yo. Pensamientos” dedicada a la poesía y a la prosa poética, os la voy transcribiendo en el blog para que podáis “disfrutar” de ella. Sois vosotros los que, en definitiva, hacéis que siga escribiendo con vuestro ánimo. Estas poesías tienen tanto recorrido como le queráis dar, son utilizables seguro por muchos de ustedes y seguramente alguno de vosotros habrá estado alguna vez en las mismas situaciones que desde aquí se expresan.

Espero vuestros comentarios y que la comunidad de Al Puro Levante siga triunfando por las redes. Podéis seguirme tanto en facebook como en twiter. Quiero ser, con ustedes, una gran familia numerosa. Abrazos

DESPUÉS DE 9 MESES

Resultaba violento dejar aquel espacio para adentrarme en un mundo desconocido. Aquel había sido mi hogar fuera de la realidad de la vida. Sin ruidos, sin agobios, sin problemas y sin nadie que te los quiera causar. Ya llevaba aquí casi nueve meses encerrado y, a pesar de todo, era el hombre más feliz del mundo porque desde ese palco recorrí muchas ciudades y hablé con mucha gente. Esa fue mi preparación para la vida. La cama perfecta, la comida insuperable y el cariño extremadamente bonito. Para colmo de bienes, nunca tuve un vecino que me molestara y si en algún momento tenía ruidos ensordecedores, me quitaba del medio y me buscaba un lugar donde resguardarme entre aromas de pinos y sal. La verdad es que lo hice bien; al fin y al cabo soy de tensión baja y sitios tranquilos. Quizás, por eso, hoy siento que más de dos a mi lado son multitud y tres ya es para salir corriendo. Poco a poco fui tomando conciencia de todo lo que me rodeaba. Unas navidades de risas, gente lanzándome besos, una semana santa de recogimiento, alegrías de feriales y carnavales y un bálsamo eterno como era el agua llamada mar porque escuchaba que se llamaba la mar o el mar, un descanso llamado mar y un lugar para adentrarme en mi mismo llamado mar. Esa sería la chica a la que querría conquistar el día de mañana; lo tenía claro. Pasaban los meses y me recomponía poco a poco con una figura esbelta, con más pelo sobre mi frente y con unos ojos con los que veía de forma cada vez más nítida. No me hizo falta vestirme pues desde mi ventana podía ver sin ser visto. ¡Que tiempos aquellos! Recuerdo aquel hombre que me paró en mitad de la calle a punto de entrar en el mercado para decirme que pronto nos veríamos y tomaríamos un chocolate. La verdad es que no lo conocía de nada pero que más me daba si me invitaba al desayuno. Eso me ocurrió en numerosas ocasiones aunque a decir verdad sólo al final pues al principio nadie me hacía caso. Yo creo que andaba aún despistado en mi hogar y estaba más pendiente de alojarme cómodamente que de conocer a nadie. Pero reconozco que al cabo de los meses, me gustaba hablar con esos extraños que me llamaban por mi nombre y que me invitaban a todo. Menudo lujo – pensaba.

Pasaron casi nueve meses y una mañana de primavera, al salir mi madre de la habitación recién vestida para recorrer la mañana, tuvo una conversación conmigo. Me dijo que me echaba de menos, que quería estrechar mi mano y hablar conmigo cara a cara. Yo le dije que no estaba seguro de aquello aunque la verdad es que se estaba tan bien en aquel lugar que no deseaba marcharme. Pero ella finalmente me convenció porque era cierto que el mundo no se acababa en mi pequeño hogar y que si quería conquistar a esa chica llamada mar, debía salir del escondrijo y amarla por mi mismo. Eso fue lo que me convenció. La valentía de valer por uno mismo no es comparable con la cobardía de esconderse. Y, además, si me lo pedía mi madre cómo podría negarme.

Por eso, una noche de primavera llamé a su puerta y la vi cara a cara. Me dio su mano y me acarició el blanco rostro. Desde entonces, no dejo de pensar en aquella conversación que mantuvo conmigo porque me abrió los ojos y me dio la vida. Desde entonces, ella sí que me enamoró. Y ahora que se han tornado las posiciones y ella desde su palco todo lo ve, entiendo como se sintió durante nueve meses. Aun así, y sin poder verte, te deseo un feliz día de la madre.

Becquer, Sevilla y el terrorismo

Hoy, siendo el día 3 de mayo del 2017, en Sevilla han vuelto a cometer otro acto de terrorismo contra las letras y la literatura más universal. Hoy, en Sevilla, la acción vandálica de unos cuantos ignorantes y analfabetos de la vida y de la cultura ha resuelto que el maestro Becquer tendría en la feria de Sevilla 2017 su trocito de noticia en los medios escritos y en las redes sociales. Y todo porque memos de las letras han decidido que una de las esculturas más bonitas dedicadas a Becquer en el Parque de María Luisa sería el objetivo de su sed de venganza contra un tipo que aunque falleció en 1870, estos tipajos le tendrían ganas de fastidiar. El mismo que fue capaz de escribir relatos como Maese Pérez el organista y que parece haberlo sacado de un día invernal en la misa de noche del barrio de Santa Cruz, ha sido hoy victima de la ignorancia plasmada en seres inhumanos henchidos de alcohol y envidia. Quizás porque su afán de protagonismo les sumió en un caos de inteligencia, los memos terroristas salieron corriendo cuando mutilaron la escultura; ni siquiera tuvieron los bemoles de dar la cara a un tipo que murió hace ya 147 años y que poca fuerza debe tener ya pues no prueba bocado desde entonces. Por eso, esta Sevilla, la Sevilla centro del mundo hace ya unos siglos ya no volverá a serlo; al menos con respecto a la cultura, el civismo y la hombría. Ya parece que sólo quedamos para destruirnos poco a poco, que hablen de lo escaso que necesitamos para vivir aunque eso sí, que el Real de la Feria se agrande en metros cuadrados y en tiempo de diversión. A lo mejor es que Sevilla como ciudad necesita atención, pero no en cuantos días y de qué tipo inundaremos nuestras horas, sino en gritar a los sevillanos (perdón, y sevillanas que ahora es muy propio) lo que dijo Becquer en sus Leyendas: “…Herido va el ciervo…, herido va; no hay duda. Se ve el rastro de la sangre entre las zarzas del monte…..” Ahí lo llevan, ya puede verse el rastro de la cultura entre las zarzas. Sigamos así y el próximo monumentos en Sevilla será el de la mediocridad aunque puede, quien sabe, que a ese no lo cercenen por el mucho respeto que le tendrían.

Santa Madrugá sevillana versus bobos solemnes

Por un año que la climatología sale a pasear todos los días con nosotros para ver la Semana Santa, resulta que la madrugá de la Semana Santa sevillana 2017 ha tenido la desafortunada noticia conocida por todos de nuevas carreras y altercados en el centro. Haciendo memoria, ya en la Semana Santa del pasado año ocurrió algo similar, pero en menores dimensiones. Y gracias a la Policía y a la gente de bien que estaban en la calle tanto el pasado año como en el presente, no ha ocurrido nada grave aunque para esos músicos atropellados y para esa gente asustada, sí que ha pasado. Los dispositivos de seguridad han actuado a la perfección pero hay algo que no pueden atajar: la falta de urbanidad y de convivencia de unos pocos. Eso es lo que está ocurriendo en Sevilla. Ya dije en anteriores artículos que la ciudad y sus instituciones deben promocionar no sólo la fiesta religiosa, cultural, social y económica de la semana santa sevillana sino también el respeto y la educación de todos a los sentimientos que estos días andan por las calles. Y debe ser una campaña fuerte para que todos estos desalmados que se colocan su chaqueta para reventar la madrugada de pasión, se queden en sus establos descansando. Hoy seremos noticias en todas las televisiones por esta circunstancia y esto hace que todas las campañas para venir a Sevilla se vean diezmadas por unos pocos que afectan a muchos miles. Sevilla debe primar el sentimiento religioso de la noche al tapeo, la bebida y la risa; hay tiempo para todo. Pero que cuatro, ocho o diez necios provoquen que la gente se vaya a sus casas por miedo o, simplemente, porque les han quitado las ganas de ver cofradías en las calles es tan penoso como que durante semanas éste será el bisbiseo en las calles de esta heráldica ciudad.

Sevilla no puede permitirse más desencuentros con la nula educación y urbanidad de algunos de sus vecinos. Si Ella y Su hijo salen a las calles de Sevilla es para hablar con todos en paz pura y limpia. Sevilla debe erradicar desde el primer minuto a cualquiera que no presente un respeto en las calles. Y hacer de ese ombligismo del que presume cuando se va de vacaciones, una bandera en las propias calles de Sevilla. La Madrugá es un recogimiento mutuo entre persona, Cristo y su Madre y la propia Sevilla. Tres sentimientos recogido en uno sólo. Si los sevillanos no hacen suyo este triángulo equilátero, será muy fácil que memos e idiotas traspasen ese triángulo perfecto y arruinen una noche mágica. De momento, tendremos que esperar un año más y que el tiempo acompañe

Enlatada Semana Santa sevillana

He llegado a la conclusión de que los políticos sevillanos no han entendido las reglas del juego de la arena social en la que se encuentran. Por más que lo pienso, realmente creo que estos servidores de lo social, que no de la sociedad en muchos casos, no han leído el capítulo más fundamental del servidor público. Y me refiero a que la mejor obra de un político en la calle es que no se note su presencia. Más aún, que pareciera que no hace falta su labor. En estos días, la afluencia de público en las calles sevillanas para contemplar las sagradas imágenes de las no sé cuantas hermandades de la ciudad, se ha visto enturbiada por el nuevo callejero que los políticos han pintado en la ciudad. Es increíble como en aras de la seguridad el público se ve realmente taponado, ahora sí, en zonas donde la gente se ve aprisionada hasta que no pasen una, dos o tres cofradías para que puedan pasar a otro lugar. Inclusive algunas hermandades de la ciudad han protestado por estos cortes de calle haciendo que su paso por ellas sea en la más absoluta soledad. Aquí creemos que por inventar algo que no hicieron los anteriores, el ciudadano les apreciará mucho más. Y no es así porque con estos cortes de calles, vallas a muchos metros de las cofradías, el mismo público dejará , poco a poco, de sentir lo que realmente desea en estos días y es ver, tocar y si es posible meterse en las trabajaderas para acompañar a los Titulares en toda su estación de penitencia. Una pena. Podría ser que el sentido común dijera que son necesarias las vías de evacuación y de zonas para vehículos de emergencia pero no pretendan que se realice un callejero paralelo al de las hermandades en su recorrido sólo para emergencias. A lo mejor querrían que las hermandades circularan por la quinta avenida de New York y no habría problemas; otra cosa es que no veo a mis hermandades saliendo por esos lares. Al final, todo el mundo a pagar sus sillas y allí como maniquíes de Zara, las autoridades no tendrán problemas de vías de evacuación; todos como niños en sus pupitres quietos y sin moverse. La termodinámica es muy clara en esto: cuanto menor sea el espacio, mayor entropía (desorden) me encontraré en dicho espacio. Es decir, si a la superficie del centro de Sevilla le cortamos un buen trozo para zonas de seguridad y evacuación pero las personas son las mismas o inclusive más (con el buen tiempo ni que decir tiene), o nos amontonamos unos con otros hasta olernos las axilas o el cabreo es extraordinario (cierto es que por ahora estamos en esta última opción). Piensen un poco y recuerden que cuanto menos hablen de ustedes la gente de a pié (que son los que introducen el papelito por la urna) mucho mejor.

Por último, el deseo continuo de que la Semana Santa es, ante todo, un acto religioso y nada más. Todo lo que le rodea, dícese inyección económica, turística, promoción de la ciudad, etc. vienen detrás. Por eso, concienciemos sobre el respeto a todas esas hermandades y hermanos que realizan su estación de penitencia. Anunciemos a la ciudadanía que dejar las calles sucias, botellonas, faltas de respeto en las calles, gritar al paso de un Señor o su Madre, etc no hacen más que desgastar las ansias por ver una de las semanas más importantes del mundo. Y como justo es hablar de todo, también concienciemos a las propias hermandades de lo que significa una estación de penitencia por la ciudad de Sevilla, empezando por el contraguía que vi ayer por la calle Feria fumando mientras daba instrucciones a los costaleros bajo el cante de una saeta.

La vuelta

He despertado del letargo que me tenía sumido la misma vida; quizás mi propia vida ha sido la culpable. Y a´un intuyendo dicha ofrenta a los placeres que me da la luz de Sevilla, me dejé ir por ese desasosiego que tiene la corriente de un suspiro a punto de expirar. Y porque es cierto que este error de mi mismo me asombra de una forma extraordinaria, en algún punto muy alto de mi destino tan solitario y vagabundo, pienso enterrar mi ser, mi vida y mi nombre. No penséis que he nacido, sólo oled una leve fragancia de paso. No de mi alma, sino de ese eco resonante que te llega para anunciarte que un día pasé junto a ti y estuve llamándote.

Y vuelvo para que nuestros amores se empiecen a tocar en un perfecto ángulo; en una convergencia de destinos. Porque ya es hora de que se hablen.

Aries

Anochecía y juntos nos dirigíamos a nuestro lugar de encuentro. Recuerdo como te llamé esa mañana nervioso y con un nudo en el estómago pues la impaciencia por verte se compensaba maliciosamente por un no como respuesta. Es la cosa que tenemos los Aries, la impaciencia. Pero, tras un corto hola por un exceso de salivación demasiado pastosa, tu voz me relajó tanto que no supe si gritarte en ese momento que te amaba o salir corriendo a buscarte. Quedamos esa noche; en aquella esquina donde nos despedimos hacía ya siete días, 13 horas y 14 minutos. Mientras bajaba aquella calle que daría a la plaza de la República, me llegaban los finos olores del agua salada y el fino tintineo del agua en su amoroso choque con las piedras redondas ya de tanto besar el agua que le rodeaba. Y, al doblar aquella esquina del Ayuntamiento, te vi apoyada en el pretil del puente, mirando la imagen de la luna reflejada en el agua. Frené mi apresurado paso, pues quería memorizar el encanto de esa ave nocturna tan perfecta que me esperaba. Y, de fondo, un bello canto que envolvía la noche. Jamás supe de donde procedía pero alguien la puso allí. Fue a los pocos metros de llegar hasta ti cuando te diste la vuelta y entonces sentí que verdaderamente me había enamorado. Y eso me hizo pensar que no sabía que decir cuando la viera. Ni siquiera le había traído una flor, un recuerdo. Nada. Dos besos de saludo, un silencio hablado que duró una eternidad y nos dispusimos a pasear hasta llegar a un lugar donde cenar y celebrar nuestro nuevo encuentro. Una calle, otra, otra, una vuelta por el mismo lugar, unos turistas que pasean…..al final hablando tanto que el tiempo se volvió infinito en una noche cada vez más fría. Ya en la profunda madrugada nos sentamos en un antiguo noray porque nos dimos cuenta que las piernas no sentían tanto alivio como nuestro corazón por vernos. Allí fue donde pensé que nunca debería perder esa oportunidad. La única oportunidad. Así que mientras cerrabas los ojos envolviéndote en un sentido suspiro que hinchó tus pechos del aire salino más puro recuperándote del paseo, me santigüé y te besé con una suavidad vergonzosa para pedirte a la vez perdón por lo que había hecho. Y antes de que abrieras los ojos, te dije que no me preguntaras la razón de lo que había hecho, pues no podría responderte. Perdóname si te he molestado. Como comprenderás, mi corazón no entiende de distancias ni tiempos y necesitaba besarte. Yo ya no quería besar más al aire que había entre nosotros. Ahora quería decirte en este alba, que te amaba y que a todo te decía que sí. Tú que me haces reir a diario, no podías irte hoy sin un beso mío. No me digas nada amor mío ahora que te he besado porque ya te lo he dicho todo. Ahora sólo te pido una leve caricia porque quiero que me vuelvas loco y no decirte nunca más adiós. Tantos meses viviendo de ilusiones por verte para declararte mi amor y ahora resulta que te beso para atajar mis vergüenzas de amor. Perdona mi impaciencia. Perdona mi loco amor marinero. Perdona mis desbocados sentimientos más puros. No me decías nada. Tan inmóvil estaba mientras te hablaba que no me dí cuenta que te habías sentado en mis rodillas. Fue entonces cuando cogiste mi mano entrelazando tus dedos con los míos y llevándotelas a tu pecho me devolviste el mismo beso que te dí. Ahí empezó todo. Y no pregunté nada más porque me lo dijo en un simple beso.

Me dejó

La verdad es que nunca me has querido. Son mis cinco sentidos los que me lo dijeron, por eso sé que no me has llegado a querer aunque me lo dijeras con la Luna de testigo. Por eso, pienso que siempre he sido muy desgraciado; tanto como que te he querido por todas las esquinas y noches de esta ciudad. Yo buscaba la flor que más amaba y entre romeros y escondites de callejones yo ansiaba esa flor que amaba. Ahí te encontré hace varias primaveras con tu piel morena aliviando mis penas durante mi paseo nocturno. Así que he decidido salir de este escondite lúgubre para salir corriendo de esta pena mientras pido clemencia a Dios para que no te castigue por el dolor que me has infringido. Yo, como caballero, te daré la más alta gloria; pero cuando yo acabe mi sufrimiento. Me pareciste tan buena que aun así te llevaré en mi memoria porque yo siempre querré vivir de tus recuerdos aunque eso sea para mi el comienzo de morir.
Me pasaré el día escribiendo tu nombre para después borrarlos entre suspiros. Dime, tu que sabes, porqué es tan fácil enamorarse de ti sin querer. Y cuando me veas entrar en un asilo por mi vejez, piensa que no tengo a nadie que me pueda atender. Tu no quisiste, por eso, cuando me veas, no sientas pena sino sólo en el interés que tuviste para no quererme aquella vez. Ya no me dormiré más pensando en ti, pero si miraré al negro cielo para preguntarle que haré yo ahora sin ti. Pozo de honda amargura, que sed tengo de aquella mujer que no me amó, soy palomo perdido entre pinares del Puerto, ya no se me enciende la mirada cuando pienso en ella…..no se que hacer. Dame ya tu mano muerte aciaga que para qué seguir, y si escuchas a alguien que todavía sigo queriendo, no le hagas caso porque desde que ella me engaño, yo ya ni sueño ni vivo.