Patio

Hoy que estoy viviendo despacio la vida me doy cuenta de cuanto erré al rechazarte en vida. Decidí vivir contigo todo un trayecto plagado de losas y columnas que tratarían de separarnos pero rápidamente me refugié en negras noches de estío donde sólo me apetecía el brillo de las hortensias que un día sembramos juntos. Me convertí en un alma errante en un patio de soledad donde contaba las horas en un hondo pesar adornado por una pequeña lumbre amarilla que había puesto para recordarte minuto a minuto. Tal locura contenía en mi sangre, que me volví loco queriendo besar tu sombra en aquel patio. Quería apurar la vida, quería pedirte perdón cada media noche que pasaba a solas porque miraba hacía arriba y veía un cielo plagado de espinas escondidas pero que yo siempre las hacía. Cerraba los ojos y olía a mármol y brisa. Abría los ojos y me encontraba con un recuerdo querido, con una soledad ya perdida de tanto llorar y con un nardo a lo lejos que flotaba esencia y me hacía volver a un sueño contigo en plena presencia. Tú que supiste encontrar mi deseo, tú que le diste sentido a mi soledad, tú que por ternura me veo, me pregunto si vendrás de nuevo por este patio o por la calle del barrio. Y acercándome al estanque central de nuestro patio, veo como el agua copia el mismo negro del cielo y como las estrellas que nombrabas con tu pulgar se reflejan en cada uno de los pétalos de aquel jazmín al que le pusiste nombre. Y cuando faltas, me abono a una tristeza tan pura que ella misma va frenando el ritmo de mi sangre. Creo amor que ya me avisa el eco de la muerte y que detrás de aquel conjunto de nardos que sembraste un domingo de Ramos se oyen dulces palabras de los ángeles. Por eso, noche tras noche, me acerco al agua del estanque porque allí no dejo de sentir tu latido perenne de la vida. Y cuando siento que te tengo, el brillo de tus ojos en el agua se alejan y debo comenzar de nuevo a buscarte con el deseo más humano pero no encuentro ni tu ternura ni tu descanso. Por eso erré y por eso beso en cada esquina a mi soledad sin amparo. Ya no te tengo y lo peor es que no te encuentro. Duro silencio que mi patio balancea pero que un día fue testigo de mi dicha y sin embargo…..¡ya está muerta!

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Me venciste

Llevas tanto años poniéndote contra mi que si en un primer momento pensé en plantarte cara, poco a poco mis fuerzas se han ido desgastando. Tanto tiempo poniéndome la zancadilla, tantos humos en mi horizonte, que ya está llegando el momento de darme por vencido. Ya hasta cierro los ojos cuando paso por delante del espejo para no verme. Siempre pensé que si te hablaba de forma sincera, mis labios se iban a manchar con una mentira y juro que he intentado amarte, tanto como los poetas aman a sus versos pero creo que va siendo hora de pensar en dejarlo y dejarte. Todas las lágrimas son amargas, desde luego, pero eres tan perversa y a la vez tan curiosa que en estos días noto como mi flujo sanguíneo se esta deteniendo y como mis párpados ya no bailan de una forma tan fluida; voy al irremediable cementerio de estatuas de sal que adornan tu victoria. Va siendo hora, te repito, de que me ponga a tu servicio y me digas cuando quieres que deje de ser uno más a tu lado. Pensé hace años que podría ser un verdadero espartano luchando contra ti para vencerte pero me has convertido a lo largo de los años en un segundón hidalgo, desconocido personaje en mi alrededor. Me has vencido de una forma tan sutil que sólo yo me he dado cuenta. Quizás es tu ancestral táctica pero por más que he humedecido mis labios para responder a tus ataques, siempre has salido victoriosa. Te imagino alzando tu copa de vino brindando por la victoria. Y lo mejor de todo es que realmente has ganado porque yo no sé donde acudir ni a quién. Te has encargado durante años que mi cabeza lívida vaya desfalleciendo poco a poco sobre la almohada de la cama. Has conseguido que mi camino se llene de zarzales que se batían cuando pasaba a su vera. Por eso me has hecho vivir un camino de espinas que ya no soporto más. Me echo al lado; ganaste. Fuiste tú, vida, quién me ha vencido. Ya apago mi farol. No te preocupes por mi; considera una nueva victoria

Sentimientos

Tomé tu pequeño brazo

por campos de olivares

tus ojos fueron anhelo,

mis amores estivales.

Entre suelos caramelo

y aromas de jarales

sentí amor de cerrojo,

era rey entre mortales.

No sé si eres caricia

o una luz vacilante

estaba enamorado

de ti. ¡Ay! Si me escuchases

Lanzamiento de mi nueva obra

Estimados lectores,

Terminada mi nueva obra “Entre tú y yo. Pensamientos” dedicada a la poesía y a la prosa poética, os la voy transcribiendo en el blog para que podáis “disfrutar” de ella. Sois vosotros los que, en definitiva, hacéis que siga escribiendo con vuestro ánimo. Estas poesías tienen tanto recorrido como le queráis dar, son utilizables seguro por muchos de ustedes y seguramente alguno de vosotros habrá estado alguna vez en las mismas situaciones que desde aquí se expresan.

Espero vuestros comentarios y que la comunidad de Al Puro Levante siga triunfando por las redes. Podéis seguirme tanto en facebook como en twiter. Quiero ser, con ustedes, una gran familia numerosa. Abrazos

DESPUÉS DE 9 MESES

Resultaba violento dejar aquel espacio para adentrarme en un mundo desconocido. Aquel había sido mi hogar fuera de la realidad de la vida. Sin ruidos, sin agobios, sin problemas y sin nadie que te los quiera causar. Ya llevaba aquí casi nueve meses encerrado y, a pesar de todo, era el hombre más feliz del mundo porque desde ese palco recorrí muchas ciudades y hablé con mucha gente. Esa fue mi preparación para la vida. La cama perfecta, la comida insuperable y el cariño extremadamente bonito. Para colmo de bienes, nunca tuve un vecino que me molestara y si en algún momento tenía ruidos ensordecedores, me quitaba del medio y me buscaba un lugar donde resguardarme entre aromas de pinos y sal. La verdad es que lo hice bien; al fin y al cabo soy de tensión baja y sitios tranquilos. Quizás, por eso, hoy siento que más de dos a mi lado son multitud y tres ya es para salir corriendo. Poco a poco fui tomando conciencia de todo lo que me rodeaba. Unas navidades de risas, gente lanzándome besos, una semana santa de recogimiento, alegrías de feriales y carnavales y un bálsamo eterno como era el agua llamada mar porque escuchaba que se llamaba la mar o el mar, un descanso llamado mar y un lugar para adentrarme en mi mismo llamado mar. Esa sería la chica a la que querría conquistar el día de mañana; lo tenía claro. Pasaban los meses y me recomponía poco a poco con una figura esbelta, con más pelo sobre mi frente y con unos ojos con los que veía de forma cada vez más nítida. No me hizo falta vestirme pues desde mi ventana podía ver sin ser visto. ¡Que tiempos aquellos! Recuerdo aquel hombre que me paró en mitad de la calle a punto de entrar en el mercado para decirme que pronto nos veríamos y tomaríamos un chocolate. La verdad es que no lo conocía de nada pero que más me daba si me invitaba al desayuno. Eso me ocurrió en numerosas ocasiones aunque a decir verdad sólo al final pues al principio nadie me hacía caso. Yo creo que andaba aún despistado en mi hogar y estaba más pendiente de alojarme cómodamente que de conocer a nadie. Pero reconozco que al cabo de los meses, me gustaba hablar con esos extraños que me llamaban por mi nombre y que me invitaban a todo. Menudo lujo – pensaba.

Pasaron casi nueve meses y una mañana de primavera, al salir mi madre de la habitación recién vestida para recorrer la mañana, tuvo una conversación conmigo. Me dijo que me echaba de menos, que quería estrechar mi mano y hablar conmigo cara a cara. Yo le dije que no estaba seguro de aquello aunque la verdad es que se estaba tan bien en aquel lugar que no deseaba marcharme. Pero ella finalmente me convenció porque era cierto que el mundo no se acababa en mi pequeño hogar y que si quería conquistar a esa chica llamada mar, debía salir del escondrijo y amarla por mi mismo. Eso fue lo que me convenció. La valentía de valer por uno mismo no es comparable con la cobardía de esconderse. Y, además, si me lo pedía mi madre cómo podría negarme.

Por eso, una noche de primavera llamé a su puerta y la vi cara a cara. Me dio su mano y me acarició el blanco rostro. Desde entonces, no dejo de pensar en aquella conversación que mantuvo conmigo porque me abrió los ojos y me dio la vida. Desde entonces, ella sí que me enamoró. Y ahora que se han tornado las posiciones y ella desde su palco todo lo ve, entiendo como se sintió durante nueve meses. Aun así, y sin poder verte, te deseo un feliz día de la madre.

Becquer, Sevilla y el terrorismo

Hoy, siendo el día 3 de mayo del 2017, en Sevilla han vuelto a cometer otro acto de terrorismo contra las letras y la literatura más universal. Hoy, en Sevilla, la acción vandálica de unos cuantos ignorantes y analfabetos de la vida y de la cultura ha resuelto que el maestro Becquer tendría en la feria de Sevilla 2017 su trocito de noticia en los medios escritos y en las redes sociales. Y todo porque memos de las letras han decidido que una de las esculturas más bonitas dedicadas a Becquer en el Parque de María Luisa sería el objetivo de su sed de venganza contra un tipo que aunque falleció en 1870, estos tipajos le tendrían ganas de fastidiar. El mismo que fue capaz de escribir relatos como Maese Pérez el organista y que parece haberlo sacado de un día invernal en la misa de noche del barrio de Santa Cruz, ha sido hoy victima de la ignorancia plasmada en seres inhumanos henchidos de alcohol y envidia. Quizás porque su afán de protagonismo les sumió en un caos de inteligencia, los memos terroristas salieron corriendo cuando mutilaron la escultura; ni siquiera tuvieron los bemoles de dar la cara a un tipo que murió hace ya 147 años y que poca fuerza debe tener ya pues no prueba bocado desde entonces. Por eso, esta Sevilla, la Sevilla centro del mundo hace ya unos siglos ya no volverá a serlo; al menos con respecto a la cultura, el civismo y la hombría. Ya parece que sólo quedamos para destruirnos poco a poco, que hablen de lo escaso que necesitamos para vivir aunque eso sí, que el Real de la Feria se agrande en metros cuadrados y en tiempo de diversión. A lo mejor es que Sevilla como ciudad necesita atención, pero no en cuantos días y de qué tipo inundaremos nuestras horas, sino en gritar a los sevillanos (perdón, y sevillanas que ahora es muy propio) lo que dijo Becquer en sus Leyendas: “…Herido va el ciervo…, herido va; no hay duda. Se ve el rastro de la sangre entre las zarzas del monte…..” Ahí lo llevan, ya puede verse el rastro de la cultura entre las zarzas. Sigamos así y el próximo monumentos en Sevilla será el de la mediocridad aunque puede, quien sabe, que a ese no lo cercenen por el mucho respeto que le tendrían.

Me dejó

La verdad es que nunca me has querido. Son mis cinco sentidos los que me lo dijeron, por eso sé que no me has llegado a querer aunque me lo dijeras con la Luna de testigo. Por eso, pienso que siempre he sido muy desgraciado; tanto como que te he querido por todas las esquinas y noches de esta ciudad. Yo buscaba la flor que más amaba y entre romeros y escondites de callejones yo ansiaba esa flor que amaba. Ahí te encontré hace varias primaveras con tu piel morena aliviando mis penas durante mi paseo nocturno. Así que he decidido salir de este escondite lúgubre para salir corriendo de esta pena mientras pido clemencia a Dios para que no te castigue por el dolor que me has infringido. Yo, como caballero, te daré la más alta gloria; pero cuando yo acabe mi sufrimiento. Me pareciste tan buena que aun así te llevaré en mi memoria porque yo siempre querré vivir de tus recuerdos aunque eso sea para mi el comienzo de morir.
Me pasaré el día escribiendo tu nombre para después borrarlos entre suspiros. Dime, tu que sabes, porqué es tan fácil enamorarse de ti sin querer. Y cuando me veas entrar en un asilo por mi vejez, piensa que no tengo a nadie que me pueda atender. Tu no quisiste, por eso, cuando me veas, no sientas pena sino sólo en el interés que tuviste para no quererme aquella vez. Ya no me dormiré más pensando en ti, pero si miraré al negro cielo para preguntarle que haré yo ahora sin ti. Pozo de honda amargura, que sed tengo de aquella mujer que no me amó, soy palomo perdido entre pinares del Puerto, ya no se me enciende la mirada cuando pienso en ella…..no se que hacer. Dame ya tu mano muerte aciaga que para qué seguir, y si escuchas a alguien que todavía sigo queriendo, no le hagas caso porque desde que ella me engaño, yo ya ni sueño ni vivo.

Matrimonio

Aquella noche que me dejaste junto al río, me fijé que las estrellas dejaron de colgar del cielo y que la brisa que llegaba del mar, murió de un profundo suspiro que me hizo temblar tanto, que hasta la soledad se estremeció. Fue tanta la pena que sentí, que desde entonces sólo me rodea el silencio. Sólo silencio. Ya no me llega ni el eco de los perfumes que se desprendían de tu cuerpo. Rodeado de crespones ya sólo me queda la soledad como acompañante en mis paseos nocturnos. Porque tú fuiste la que me dio vida; sólo tú. Y, sin embargo, me dejaste. Hoy me dí cuenta que hasta los arroyos que mojaban tus pies se han secado. Vuelve amor, vuelve que parece que mi amor es ahora la soledad. Nadie habla a mi paso, ya no me arrulla ese gato cuando te veía llegar. Y como no puedo seguir viviendo así, como no puedo comprender tu decisión que me hizo tanto entristecer, quiero que esta aciaga tarde en que te pido venir y no vienes sea testigo de mi pedida de matrimonio a la soledad. Estoy tan cansado de llorarte en las esquinas y de hablar a solas con mi alma que será la soledad con la que pase el resto de mi vida. Sólo quiero que sepas que cerraré mis ojos para imaginar la última tarde que pasamos juntos. Lo haré una última vez, no puedo esperarte más.

Espérame

Ojalá pudiera pasear contigo a solas por la arena marcando nuestros pasos y con la sinfonía de Poseidon a nuestras espaldas. Ojalá pudiera sentir tu voz, siempre cálida, relatándome tu último año en que hemos estado tan lejos uno del otro. Ojala pudiera tocarte sin más pago que una sonrisa. Ya amanece y todos estos deseos se han engendrado durante 12 meses; los mismos que llevo sin verte. Por eso, también empecé a hacer las maletas tantos meses. Toda la noche pensando como sería nuestro reencuentro. Nos despedimos con preciosas palabras que aún recuerdo pero que están tan desgastadas de tanto repetirlas que ya no sé si fueron tus últimas palabras o las he construido yo en la desesperación de la noche por no tenerte a mi lado. Ya sólo me queda buscarte en cada una de las cartas que te escribí porque no quiero que se me olvide decirte nada; hasta la última palabra. Pronto nos veremos y creo que estaré preparado para ello pero perdóname si cuando te vea después de tantos meses, me quede colapsado. Intentaré no hacerlo porque el tiempo sigue pasando y volverá a llegar el día en que tengamos que volver  a despedirnos. Los segundos son vida para mi. Necesito sobrevivir cuando esté lejos de ti y no tengo otra forma de hacerlo que amarte día a día y no caer en la desesperación cuando piense que volveré a separarme de ti. Ya queda poco amor, espérame porque pronto, muy pronto, nos reencontraremos para no volver a separarnos.