Becquer, Sevilla y el terrorismo

Hoy, siendo el día 3 de mayo del 2017, en Sevilla han vuelto a cometer otro acto de terrorismo contra las letras y la literatura más universal. Hoy, en Sevilla, la acción vandálica de unos cuantos ignorantes y analfabetos de la vida y de la cultura ha resuelto que el maestro Becquer tendría en la feria de Sevilla 2017 su trocito de noticia en los medios escritos y en las redes sociales. Y todo porque memos de las letras han decidido que una de las esculturas más bonitas dedicadas a Becquer en el Parque de María Luisa sería el objetivo de su sed de venganza contra un tipo que aunque falleció en 1870, estos tipajos le tendrían ganas de fastidiar. El mismo que fue capaz de escribir relatos como Maese Pérez el organista y que parece haberlo sacado de un día invernal en la misa de noche del barrio de Santa Cruz, ha sido hoy victima de la ignorancia plasmada en seres inhumanos henchidos de alcohol y envidia. Quizás porque su afán de protagonismo les sumió en un caos de inteligencia, los memos terroristas salieron corriendo cuando mutilaron la escultura; ni siquiera tuvieron los bemoles de dar la cara a un tipo que murió hace ya 147 años y que poca fuerza debe tener ya pues no prueba bocado desde entonces. Por eso, esta Sevilla, la Sevilla centro del mundo hace ya unos siglos ya no volverá a serlo; al menos con respecto a la cultura, el civismo y la hombría. Ya parece que sólo quedamos para destruirnos poco a poco, que hablen de lo escaso que necesitamos para vivir aunque eso sí, que el Real de la Feria se agrande en metros cuadrados y en tiempo de diversión. A lo mejor es que Sevilla como ciudad necesita atención, pero no en cuantos días y de qué tipo inundaremos nuestras horas, sino en gritar a los sevillanos (perdón, y sevillanas que ahora es muy propio) lo que dijo Becquer en sus Leyendas: “…Herido va el ciervo…, herido va; no hay duda. Se ve el rastro de la sangre entre las zarzas del monte…..” Ahí lo llevan, ya puede verse el rastro de la cultura entre las zarzas. Sigamos así y el próximo monumentos en Sevilla será el de la mediocridad aunque puede, quien sabe, que a ese no lo cercenen por el mucho respeto que le tendrían.

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Santa Madrugá sevillana versus bobos solemnes

Por un año que la climatología sale a pasear todos los días con nosotros para ver la Semana Santa, resulta que la madrugá de la Semana Santa sevillana 2017 ha tenido la desafortunada noticia conocida por todos de nuevas carreras y altercados en el centro. Haciendo memoria, ya en la Semana Santa del pasado año ocurrió algo similar, pero en menores dimensiones. Y gracias a la Policía y a la gente de bien que estaban en la calle tanto el pasado año como en el presente, no ha ocurrido nada grave aunque para esos músicos atropellados y para esa gente asustada, sí que ha pasado. Los dispositivos de seguridad han actuado a la perfección pero hay algo que no pueden atajar: la falta de urbanidad y de convivencia de unos pocos. Eso es lo que está ocurriendo en Sevilla. Ya dije en anteriores artículos que la ciudad y sus instituciones deben promocionar no sólo la fiesta religiosa, cultural, social y económica de la semana santa sevillana sino también el respeto y la educación de todos a los sentimientos que estos días andan por las calles. Y debe ser una campaña fuerte para que todos estos desalmados que se colocan su chaqueta para reventar la madrugada de pasión, se queden en sus establos descansando. Hoy seremos noticias en todas las televisiones por esta circunstancia y esto hace que todas las campañas para venir a Sevilla se vean diezmadas por unos pocos que afectan a muchos miles. Sevilla debe primar el sentimiento religioso de la noche al tapeo, la bebida y la risa; hay tiempo para todo. Pero que cuatro, ocho o diez necios provoquen que la gente se vaya a sus casas por miedo o, simplemente, porque les han quitado las ganas de ver cofradías en las calles es tan penoso como que durante semanas éste será el bisbiseo en las calles de esta heráldica ciudad.

Sevilla no puede permitirse más desencuentros con la nula educación y urbanidad de algunos de sus vecinos. Si Ella y Su hijo salen a las calles de Sevilla es para hablar con todos en paz pura y limpia. Sevilla debe erradicar desde el primer minuto a cualquiera que no presente un respeto en las calles. Y hacer de ese ombligismo del que presume cuando se va de vacaciones, una bandera en las propias calles de Sevilla. La Madrugá es un recogimiento mutuo entre persona, Cristo y su Madre y la propia Sevilla. Tres sentimientos recogido en uno sólo. Si los sevillanos no hacen suyo este triángulo equilátero, será muy fácil que memos e idiotas traspasen ese triángulo perfecto y arruinen una noche mágica. De momento, tendremos que esperar un año más y que el tiempo acompañe

Enlatada Semana Santa sevillana

He llegado a la conclusión de que los políticos sevillanos no han entendido las reglas del juego de la arena social en la que se encuentran. Por más que lo pienso, realmente creo que estos servidores de lo social, que no de la sociedad en muchos casos, no han leído el capítulo más fundamental del servidor público. Y me refiero a que la mejor obra de un político en la calle es que no se note su presencia. Más aún, que pareciera que no hace falta su labor. En estos días, la afluencia de público en las calles sevillanas para contemplar las sagradas imágenes de las no sé cuantas hermandades de la ciudad, se ha visto enturbiada por el nuevo callejero que los políticos han pintado en la ciudad. Es increíble como en aras de la seguridad el público se ve realmente taponado, ahora sí, en zonas donde la gente se ve aprisionada hasta que no pasen una, dos o tres cofradías para que puedan pasar a otro lugar. Inclusive algunas hermandades de la ciudad han protestado por estos cortes de calle haciendo que su paso por ellas sea en la más absoluta soledad. Aquí creemos que por inventar algo que no hicieron los anteriores, el ciudadano les apreciará mucho más. Y no es así porque con estos cortes de calles, vallas a muchos metros de las cofradías, el mismo público dejará , poco a poco, de sentir lo que realmente desea en estos días y es ver, tocar y si es posible meterse en las trabajaderas para acompañar a los Titulares en toda su estación de penitencia. Una pena. Podría ser que el sentido común dijera que son necesarias las vías de evacuación y de zonas para vehículos de emergencia pero no pretendan que se realice un callejero paralelo al de las hermandades en su recorrido sólo para emergencias. A lo mejor querrían que las hermandades circularan por la quinta avenida de New York y no habría problemas; otra cosa es que no veo a mis hermandades saliendo por esos lares. Al final, todo el mundo a pagar sus sillas y allí como maniquíes de Zara, las autoridades no tendrán problemas de vías de evacuación; todos como niños en sus pupitres quietos y sin moverse. La termodinámica es muy clara en esto: cuanto menor sea el espacio, mayor entropía (desorden) me encontraré en dicho espacio. Es decir, si a la superficie del centro de Sevilla le cortamos un buen trozo para zonas de seguridad y evacuación pero las personas son las mismas o inclusive más (con el buen tiempo ni que decir tiene), o nos amontonamos unos con otros hasta olernos las axilas o el cabreo es extraordinario (cierto es que por ahora estamos en esta última opción). Piensen un poco y recuerden que cuanto menos hablen de ustedes la gente de a pié (que son los que introducen el papelito por la urna) mucho mejor.

Por último, el deseo continuo de que la Semana Santa es, ante todo, un acto religioso y nada más. Todo lo que le rodea, dícese inyección económica, turística, promoción de la ciudad, etc. vienen detrás. Por eso, concienciemos sobre el respeto a todas esas hermandades y hermanos que realizan su estación de penitencia. Anunciemos a la ciudadanía que dejar las calles sucias, botellonas, faltas de respeto en las calles, gritar al paso de un Señor o su Madre, etc no hacen más que desgastar las ansias por ver una de las semanas más importantes del mundo. Y como justo es hablar de todo, también concienciemos a las propias hermandades de lo que significa una estación de penitencia por la ciudad de Sevilla, empezando por el contraguía que vi ayer por la calle Feria fumando mientras daba instrucciones a los costaleros bajo el cante de una saeta.

S.O.S.

Sirvan hoy mis letras para pedir un S.O.S. Si hace algunas décadas se lanzaban los S.O.S. a través de las ondas hertzianas de radio, hoy en día, este S.O.S. debo lanzarlo a través de los bits de los cables de fibra óptica que son las verdaderas articulaciones de ese gran monstruo denominado Internet. Este humilde servidor, aprendiz de todo y siempre con buena voluntad tiene, después de 2 años de preparación, una colección de 59 poemas que quisiera editar. La mala suerte de la temática y la crisis actual que ya llega a ser de límites infinitos dado los augurios que nos rodean, hace que hasta ahora ninguna editorial haya creído en este proyecto de poemario aunque ha recibido las bendiciones de algunos poetas amigos, pero críticos, y expertos en filología hispánica. Por tanto, mando a todos mis seguidores millones de bits con una carta bajo sus digitales brazos para que lo entreguen allá donde lleguen con la finalidad de que alguien se enamore de este proyecto y lo saque a la luz.

Podría escribir a D. Amancio Ortega  o a la Fundación Lara de Planeta para que me eche una mano pues con el 0,0000000000001% de su capital, mi proyecto saldría a la luz. Pero creo que aferrarse a las utopias sólo te da hambre de espíritu y soledad terrenal. Pero la estupidez humana hace pensar que estas letras también podría llegarles.

Asi que, lo dicho, un S.O.S. para un amante de los sueños literarios que no quiere morir con sus cuartillas guardadas en un cajón y que las tirará algún desconocido en una de esas terribles limpiezas caseras que se hace de vez en cuando cuando uno fallece.

“El viento entró por tu puerta

y se asomó a tus sueños

y bañandote en sus brazon

impregnó en ti mis versos.

Pero recogiste velas

oliendo a mar y viento.

Fueron mis mensajes de sal

los que se perdieron lejos”

 

“Siento todavía el crepitar

del lecho en que tuvimos

aquel sueño.

Fue el viento de la noche

quién me dijo

que te fuiste sin decirme

lo siento….pero te quiero”

 

 

Iluso humano

Llegué el pasado día a casa después de barruntar, un día más, el porqué todo lo malo llegaba hasta mi. Cansado ya de tanto pasear entre un calor insoportable y un aire caliente que marchitaba cualquier idea brillante, pensé que lo mejor que podía hacer era marcharme para casa y descansar lo que pudiera aunque los problemas me vinieran a la cabeza minuto tras minuto. Eran ya muchos meses de desasosiego y faltas de sueño. Las obligaciones bancarias, préstamos, acritud hacía la misma vida, impuestos, etc. Todo un laberinto del que no sabía como salir. Incluso odiando los aviones, llevaba una temporada mirando al cielo, como los niños más inocentes, para ver si mi vista llegaba a alcanzar la estela de un avión en pleno vuelo. Y soñaba y soñaba con estar allí montado. Daba igual donde me llevara. Lo importante era estar a tan alta altitud, que nadie te pudiera ver ni oir. Que cosas, amar la vida en otros tiempos y ahora, desear encontrar la paz más absoluta; donde nadie pueda ir a buscarte para luego volver. Antes de comenzar a comer un triste bocadillo relleno de las cosas más variopintas que pueda uno imaginar y un vaso de agua, recordé que debía llamar a un viejo amigo, pues poco sabía de él desde hacía meses. Mis agobios y preocupaciones me habían absorbido tanto, que el agua de la vida ya casi no me dejaba recordar a quienes tienen amistad con uno. Su llamada fue corta y, a la vez, eudcadora. Mi amigo que ya venció hace unos años dos cánceres, ahora le habían diagnosticado otro. Es ya el tercero. Y me contaba su resignación y su fuerza pues ya venció a los dos anteriores y ahora quería hacerlo con éste. Hasta que el cuerpo aguante. Médicos, quimio, pastillas……personas como tú son necesarias al frente de la vida. Maldito iluso ingenuo, pensé de mi al colgar. Se te caen dos lágrimas por el coraje de tu amigo para salir de su tercera bola de partido y, sin embargo, te escondes de la vida por cuatro asquerosos problemas que no te quitan la vida sino el dinero del bolsillo. Te repito, tonto ingenuo. Cada vez que lo pienses, recuerda a tu amigo. Eso sí es un problema. Si no me crees, pregúntaselo.

El tiempo humano

Tras varios días donde las noticias originales abundan por su ausencia, nos bombardean sobre los efectos del cambio de hora que llega esta próxima madrugada. Estoy seguro de que el efecto que tendremos será simplemente dormir una hora más o despertarnos una hora antes; el resto son ganas de rellenar líneas vacuas de informativos. A veces, de todas estas boberías emergen bellos textos como este poema de Francisco de Césari en su alegato al sol como fuente de alegría y belleza sobre todas las cosas.

Yo te agradezco siempre Sol
Tu buena intención
Quieres ser una alegría
Pero hoy te echan. Ellos malditos son.
No abriré mañana mi ventana
No quiero que me veas triste
Tardarás en llegar
Lo sé, pero tengo mi pena.
No te sonreiré oscura maldad
Porque si lo hago tendrás compás
Vete cuanto antes oscuridad
Que quiero Sol para mi eternidad.
(FdC)

La noticia numeraría

Decía El Buscón de nuestro entrañable Francisco de Quevedo que “viéndome, pues, con una fiesta revuelta, un pueblo escandalizado, los padres corridos, mi amigo descalabrado, y el caballo muerto, determiné de no volver más a la escuela ni a casa de mis padres, sino de quedarme a servir a don Diego”. Ciertamente, esa es la sensación que muchos podemos tener cuando cada día salimos de casa y escuchamos las noticias actuales por cualquiera de los medios que tenemos a nuestro alcance. De hecho, ya le daría a los etimologistas y anatomistas del lenguaje el origen de la palabra número porque de aquí puede deducirse el significado de la palabra pesadez española en el lengaje castellao u ojana mañanera en el lenguaje sevillano. Para alguien que escucha la radio, son innumerables las veces que cambia de canal cuando la noticia boba del día se repite una y otra vez. Es como si alguién pretendiera enumerarnos el número de veladores en Sevilla o el número de veces que hemos visto que alguien ha tirado con predemitación y alevosia un papel en plena vía pública; una tortura inutil. La noticia pesada del día suele tener sus variables. Así, está la variación de noticia infinita cuando llegada la noche la escuchamos en el enésimo medio de comunicación. En este caso el oyente llega a emitir opinión propia pues son ya tantas las vías de escucha que a estas alturas es un tertuliano más de la noticia. Otra variable es la noticia doméstica cuando llegamos a la conclusión de que ésta es digna de compartir en el hogar o bélica cuando creemos que es el lugar de trabajo donde daría más juego. Pienso que todas estas noticias terminan por colgarnos las mazas y señalarnos como el chico, padre, novio o amante fetén que todo lo sabe. Recuerdo a ese camarero meritorio que encontró trabajo en la calle Mateos Gagos de Sevilla y el primer día le pusieron a contar veladores en esa calle. Al final el buen hombre volvió sin saber el número exacto pues se perdió cuando iba por el velador 345  y con varias heridas de coches porque tenía que andar por la calzada pero sí venía con muchísimas historias de los clientes que lo habían bautizado con el numerario de la calle Mateos Gagos; incluso se hizo fotos con algunos turistas alemanes. Desde luego, cuanta razón tenía el pitagórico Filolao cuando dijo que “Todo lo que se puede conocer tiene un número. Sin el número no conocemos ni comprendemos nada”

Un verano culturalmente rosa

De vueltas ya a las andadas laborales he de decirle, estimado lector, que como habrá comprobado no sigo en este espacio de escritura ni metodología, ni orden alguno sino que salto de materia en materia, unas veces en prosa, otras en verso (entiendo que malísimos) donde me hago eco de hechos y costumbres de este mundo (micro y macro) frío e insípido que nos rodea.

Si bien es cierto que he alegrado mis endorfinas cuando compruebo como  mi asistencia a teatros al aire libre no ha sido en solitario y con un ambiente saludablemente cultural, en las antípodas no he tenido más remedio que redoblar mis ijares al sonreir ampliamente viendo como el español sigue haciendo su deporte nacional playero: leer los boletines oficiales de las crónicas rosas. Nuestra ataraxía no se consigue leendo el rescate de Grecia, las imposiciones de Alemania o el desglose de los presupuestos generales del Estado. Seguimos fieles a nuestros principios: tortilla, playa, flotador y déjeme usted en paz de monsergas económicas y laborales que estoy hasta el gorro. ¡Bastantes insulceses he tenido que escuchar yo! Y lo curioso es que el español vacional no es ningún misántropo en estas crónicas rosas. Ni mucho menos. Gusta discutir, hablar, opinar e incluso si la cosa se pone tensa, hasta afirmar que ayudó a entrar por Urgencias en el Hospital de la Cruz Roja a la mismísima Isabel Pantoja o que ayudó a Amador Mohedano escoger los colores de los farolillos para la inauguración de su nuevo local en Sanlucar de Barrameda. Alguien podrá recriminarme que este síntoma de “rosadez playero” no es más que la crisis económica va quedando en seguindo plano y que el español, cuando veranea, lo hace de verdad.

Yo que sigo con mi cruzada cultural, me gustaría que algunos salieran de esas Batuecas como bien decía Mariano José de Larra, y dejémonos de boletines rosas para las peluquerías y colas en los toros y en el futbol. Porque que mejor momento para aprender cultura (la que define el DRAE) que cuando estamos con la mente virgen de preocupaciones. Si no lo hacemos, D. Bartolomé de Argensala seguirá teniendo razón cuando dijo

“de estos niños Madrid vive logrado

y de viejos tan frágiles como ellos,

porque en la misma escuela se han criado”

Un calentito, por favor

Halleme yo mesmo esta mañana por la collación de Sevilla, concretamente a la salida de la calle llamada de La Sierpe pues por motivos de economía había quedado en el corral de don Filiberto para comprarle un pollino de fuertes patas y lomo raso, cuando a la altura del teatro Cervantes (fue donde observe por primera vez el pasado año las piernas de aquellas mujeres que entoldaban sus faldas sobre el escenario. Parecen que se llaman cabareté) vi con más gracia que salero y con más hechura que El Gallo a un señor serio y callao pero con menos pelo que mi tío er Canicas dándose un do de pecho de eso que ahora llaman los forasteros, “churros” aunque aquí en Sevilla y hasta la Cruz del Campo yo aprendiere que su nombre real es el de “calentitos”. Supongo que será por el estado de malaje con que el churrero te da el trozo de masa.
Pues aunque fuere este caso un hecho tonto de esta ciudad realmente porque desde que mi padre me trajo siendo niño a lomos de la burra de mi abuelo yo siempre viere estas situaciones en la gente acaudalada, hoy era todo diferente y eso hizo que mi mente diese pausa a mi cuerpo para que frenare en seco. Hacía caló, si señor, y algunos caballos ya habían sembrado de abono el adoquín tosco del suelo entremezclándose con algunas hojas de coliflor que supongo algún mozo joven perdió o despachó cuando llevaba el mandao a sus clientes. En definitiva, pensé, todo una abono para que de allí los cartujos de la Virgen de la Redención sacaran partido para algún que otro caldo caliente de invierno; de esos que reparten a los menesterosos cuando pasan por la puerta del monasterio más allá del arrabal de Triana al otro lado del río.
Pues verán ustedes. El gachó se estaba comiendo lo calentitos con ¡cuchillo y tenedor! Que locura, pensé. Que educación, aseveré. No hay nada más para aprender modales que ver a los extranjeros de tierras lejanas cuando vienen a sentarse a esta ciudad. Hubiere querido yo hacerme un retrato con el gachó y su cuchillo y tenedor ensartando un caliente pero me daba a mi la espina que no querría. Y no sería porque no estuviera yo de buen ver pues mi Jacinta me había preparado mi mejor camisa y mi más elegante faja donde alojé mi faca de nacar blanco que un tío de mi padre le trajo de tierras moras, sino más bien por miedo a que me clavara en un ojo el cuchillo cuando me destornillara de la risa al verme tan cerca del calentito ensartado. Por Dios, ¡que desfachatez, venir a Sevilla a comer calentitos y lo hace como si pescara un pez!

En fin, se lo diré a mi Jacinta para que me saque de este extravío de conocimiento culinario de hoy aunque, diga lo que me diga, yo le diré como el Buscón de Quevedo “Yo señor, soy de Sevilla…”

Muñoz Seca y sus calles

Según cuentan los vientos que vienen desde la capital del Reino de España, el mayor representante municipal quiere acabar con el nomenclator de algunas calles madrileñas. Y no es una cuestión de movimientos sísmicos en la ciudad que han hecho temblar el pegamento de los azulejos en las diferentes fachadas sino que, amparándose en la Ley de Memoria Histórica, brota aquella idea de Vizcaino Casas sobre los defectos de los españoles y sus pecados capitales. La fuerza política quiere eliminar los nombres de aquellas calles que puedan estar relacionadas con el franquismo, época, dicho sea de paso, negra para nuestro país pero pasada y muy pasada dada la altura del siglo XXI en que nos encontramos.

Pues al igual que hace unos años decíamos aquello de “verás cuando llegue la LOGSE a los padres…” hoy hemos de constatar que también ha llegado a la clase política. Y parece que ha hecho más mella en ellos que en los propios alumnos en edad escolar. Y mira que lo digo: “para poder hablar hay que saber y, para saber, hay que leer”. Pues bien, parece que una de estas calles señaladas con el dedo inquisidor de aquellos que culpan pero no ejecutan por miedo al que dirán (tres cuartos con lo que pasaba en la Santa Inquisición donde el poder eclesiástico sentenciaba y el político ajusticiaba. Y todo para que la Iglesia no fuera tachada de asesina) es la de don Pedro Muñoz Seca. A estas alturas de la vida no voy a recordarles quién fue ese insigne dramaturgo ni lo que aportó a una España de principios del siglo XX harta de pesares políticos e intríngulis monárquicos. Pero si les diré que si algo no fue don Pedro fue franquista por el simple, y más que razonable hecho, de que fue una bala republicana la que lo asesinó junto a una fosa común al lado de cientos de madrileños el 28 de noviembre de 1936 en un lugar de la Mancha llamado Paracuellos del Jarama. Por tanto, populares políticos de la vida madrileña, hagan un simple cálculo numérico (más o menos del nivel de la primaria de este país) y comprobarán que 1936 es anterior a la llegada del franquismo en 1940. Si de algo presumía don Pedro era de su creencia monarquica. Eso sí. Y si mi pensamiento no va mal encaminado, en este año de 2015 la monarquía está plenamente reconocida y constitucionalmente aceptada en esta piel de toro llamada España. Cuestión de fechas, señores políticos del Madrid.

Lo dicho, todo está en los libros. Pero claro, el libro no viene hacía ti. Tú debes ir hacía el. Aunque entiendo que la llegada de la LOGSE provocó en el cuerpo de algunas personas (aquí incluyo a la profesión de político) anticuerpos contra la “infección del saber”, enfermedad crónica y mortal para aquellos que se dedican a creer que la historia comienza y termina cuando ellos, a diario, se levantan y se acuestan.

La verdad es que no siento pena de mi país en estos momentos. Ni siquiera de todo lo cerca que hemos estado del precipicio económico y de la bancarrota. Siento una gran tristeza de cómo pisoteamos a hombres que con la punta de una pluma de ave se partieron los ojos dejándonos sabiduria en sus cuartillas. Y no hablo de Muñoz Seca. Hablemos de un Cervantes o un Becquer ¿o estos eran también franquistas? Déjenme buscarlo en los libros.

“Acabaron de comer, y quedaron unos medrugos en la mesa, y en el plato unos pellejos y unos huesos; y dijo el pupilero: “Quede esto para los criados; que también han de comer: no lo queramos todo.” (La vida del Buscón de Francisco de Quevedo y Villegas. 1606)