Me venciste

Llevas tanto años poniéndote contra mi que si en un primer momento pensé en plantarte cara, poco a poco mis fuerzas se han ido desgastando. Tanto tiempo poniéndome la zancadilla, tantos humos en mi horizonte, que ya está llegando el momento de darme por vencido. Ya hasta cierro los ojos cuando paso por delante del espejo para no verme. Siempre pensé que si te hablaba de forma sincera, mis labios se iban a manchar con una mentira y juro que he intentado amarte, tanto como los poetas aman a sus versos pero creo que va siendo hora de pensar en dejarlo y dejarte. Todas las lágrimas son amargas, desde luego, pero eres tan perversa y a la vez tan curiosa que en estos días noto como mi flujo sanguíneo se esta deteniendo y como mis párpados ya no bailan de una forma tan fluida; voy al irremediable cementerio de estatuas de sal que adornan tu victoria. Va siendo hora, te repito, de que me ponga a tu servicio y me digas cuando quieres que deje de ser uno más a tu lado. Pensé hace años que podría ser un verdadero espartano luchando contra ti para vencerte pero me has convertido a lo largo de los años en un segundón hidalgo, desconocido personaje en mi alrededor. Me has vencido de una forma tan sutil que sólo yo me he dado cuenta. Quizás es tu ancestral táctica pero por más que he humedecido mis labios para responder a tus ataques, siempre has salido victoriosa. Te imagino alzando tu copa de vino brindando por la victoria. Y lo mejor de todo es que realmente has ganado porque yo no sé donde acudir ni a quién. Te has encargado durante años que mi cabeza lívida vaya desfalleciendo poco a poco sobre la almohada de la cama. Has conseguido que mi camino se llene de zarzales que se batían cuando pasaba a su vera. Por eso me has hecho vivir un camino de espinas que ya no soporto más. Me echo al lado; ganaste. Fuiste tú, vida, quién me ha vencido. Ya apago mi farol. No te preocupes por mi; considera una nueva victoria

Morir

Ayer rompieron mi corazón en mil pedazos

andaba herido y moribundo; no más.

Sentado y marchitando mi cuerpo hasta decolorar

aquí me hallo agonizando en mi portal.

La oscuridad que llega a mi puerta

son viudas que lloran inundando su cara

son guadañas que acechan mi cuello

mientras me hallo agonizando en mi portal.

Siento el abrazo de esos viejos cuervos

de esos buitres que circulan a punto de cavar

mi sangre no deja de brotar

mientras me hallo agonizando en mi portal.

Se acercan aquellos niños para curiosear

hasta el perro se esconde; rogad

y esos gorriones que se posan en el pretil

mientras yo agonizo en mi portal.

Y esos hombres que lamentan mi pesar

duras almas que se deshacen al pensar

una muerte anunciada

mientras yo agonizo en mi portal.

Y cuando el demonio rió en la esquina

animó a todos a bajar el pulgar

a señalar mi roja sangre

mientras yo agonizo en el portal.

Fueron promesas que han roto

amores caídos sin fechar

una ilusión; estela si yo viviera

las que hacen que yo agonice sentado en mi portal.

Mi muerte anunciada ya llega cerrando mis ojos

cansados ya de vivir,

tened compasión. Dejadme morir

porque todos no podéis ignorar

que me habéis visto agonizar sentado en mi portal.