DESPUÉS DE 9 MESES

Resultaba violento dejar aquel espacio para adentrarme en un mundo desconocido. Aquel había sido mi hogar fuera de la realidad de la vida. Sin ruidos, sin agobios, sin problemas y sin nadie que te los quiera causar. Ya llevaba aquí casi nueve meses encerrado y, a pesar de todo, era el hombre más feliz del mundo porque desde ese palco recorrí muchas ciudades y hablé con mucha gente. Esa fue mi preparación para la vida. La cama perfecta, la comida insuperable y el cariño extremadamente bonito. Para colmo de bienes, nunca tuve un vecino que me molestara y si en algún momento tenía ruidos ensordecedores, me quitaba del medio y me buscaba un lugar donde resguardarme entre aromas de pinos y sal. La verdad es que lo hice bien; al fin y al cabo soy de tensión baja y sitios tranquilos. Quizás, por eso, hoy siento que más de dos a mi lado son multitud y tres ya es para salir corriendo. Poco a poco fui tomando conciencia de todo lo que me rodeaba. Unas navidades de risas, gente lanzándome besos, una semana santa de recogimiento, alegrías de feriales y carnavales y un bálsamo eterno como era el agua llamada mar porque escuchaba que se llamaba la mar o el mar, un descanso llamado mar y un lugar para adentrarme en mi mismo llamado mar. Esa sería la chica a la que querría conquistar el día de mañana; lo tenía claro. Pasaban los meses y me recomponía poco a poco con una figura esbelta, con más pelo sobre mi frente y con unos ojos con los que veía de forma cada vez más nítida. No me hizo falta vestirme pues desde mi ventana podía ver sin ser visto. ¡Que tiempos aquellos! Recuerdo aquel hombre que me paró en mitad de la calle a punto de entrar en el mercado para decirme que pronto nos veríamos y tomaríamos un chocolate. La verdad es que no lo conocía de nada pero que más me daba si me invitaba al desayuno. Eso me ocurrió en numerosas ocasiones aunque a decir verdad sólo al final pues al principio nadie me hacía caso. Yo creo que andaba aún despistado en mi hogar y estaba más pendiente de alojarme cómodamente que de conocer a nadie. Pero reconozco que al cabo de los meses, me gustaba hablar con esos extraños que me llamaban por mi nombre y que me invitaban a todo. Menudo lujo – pensaba.

Pasaron casi nueve meses y una mañana de primavera, al salir mi madre de la habitación recién vestida para recorrer la mañana, tuvo una conversación conmigo. Me dijo que me echaba de menos, que quería estrechar mi mano y hablar conmigo cara a cara. Yo le dije que no estaba seguro de aquello aunque la verdad es que se estaba tan bien en aquel lugar que no deseaba marcharme. Pero ella finalmente me convenció porque era cierto que el mundo no se acababa en mi pequeño hogar y que si quería conquistar a esa chica llamada mar, debía salir del escondrijo y amarla por mi mismo. Eso fue lo que me convenció. La valentía de valer por uno mismo no es comparable con la cobardía de esconderse. Y, además, si me lo pedía mi madre cómo podría negarme.

Por eso, una noche de primavera llamé a su puerta y la vi cara a cara. Me dio su mano y me acarició el blanco rostro. Desde entonces, no dejo de pensar en aquella conversación que mantuvo conmigo porque me abrió los ojos y me dio la vida. Desde entonces, ella sí que me enamoró. Y ahora que se han tornado las posiciones y ella desde su palco todo lo ve, entiendo como se sintió durante nueve meses. Aun así, y sin poder verte, te deseo un feliz día de la madre.

Becquer, Sevilla y el terrorismo

Hoy, siendo el día 3 de mayo del 2017, en Sevilla han vuelto a cometer otro acto de terrorismo contra las letras y la literatura más universal. Hoy, en Sevilla, la acción vandálica de unos cuantos ignorantes y analfabetos de la vida y de la cultura ha resuelto que el maestro Becquer tendría en la feria de Sevilla 2017 su trocito de noticia en los medios escritos y en las redes sociales. Y todo porque memos de las letras han decidido que una de las esculturas más bonitas dedicadas a Becquer en el Parque de María Luisa sería el objetivo de su sed de venganza contra un tipo que aunque falleció en 1870, estos tipajos le tendrían ganas de fastidiar. El mismo que fue capaz de escribir relatos como Maese Pérez el organista y que parece haberlo sacado de un día invernal en la misa de noche del barrio de Santa Cruz, ha sido hoy victima de la ignorancia plasmada en seres inhumanos henchidos de alcohol y envidia. Quizás porque su afán de protagonismo les sumió en un caos de inteligencia, los memos terroristas salieron corriendo cuando mutilaron la escultura; ni siquiera tuvieron los bemoles de dar la cara a un tipo que murió hace ya 147 años y que poca fuerza debe tener ya pues no prueba bocado desde entonces. Por eso, esta Sevilla, la Sevilla centro del mundo hace ya unos siglos ya no volverá a serlo; al menos con respecto a la cultura, el civismo y la hombría. Ya parece que sólo quedamos para destruirnos poco a poco, que hablen de lo escaso que necesitamos para vivir aunque eso sí, que el Real de la Feria se agrande en metros cuadrados y en tiempo de diversión. A lo mejor es que Sevilla como ciudad necesita atención, pero no en cuantos días y de qué tipo inundaremos nuestras horas, sino en gritar a los sevillanos (perdón, y sevillanas que ahora es muy propio) lo que dijo Becquer en sus Leyendas: “…Herido va el ciervo…, herido va; no hay duda. Se ve el rastro de la sangre entre las zarzas del monte…..” Ahí lo llevan, ya puede verse el rastro de la cultura entre las zarzas. Sigamos así y el próximo monumentos en Sevilla será el de la mediocridad aunque puede, quien sabe, que a ese no lo cercenen por el mucho respeto que le tendrían.