Enlatada Semana Santa sevillana

He llegado a la conclusión de que los políticos sevillanos no han entendido las reglas del juego de la arena social en la que se encuentran. Por más que lo pienso, realmente creo que estos servidores de lo social, que no de la sociedad en muchos casos, no han leído el capítulo más fundamental del servidor público. Y me refiero a que la mejor obra de un político en la calle es que no se note su presencia. Más aún, que pareciera que no hace falta su labor. En estos días, la afluencia de público en las calles sevillanas para contemplar las sagradas imágenes de las no sé cuantas hermandades de la ciudad, se ha visto enturbiada por el nuevo callejero que los políticos han pintado en la ciudad. Es increíble como en aras de la seguridad el público se ve realmente taponado, ahora sí, en zonas donde la gente se ve aprisionada hasta que no pasen una, dos o tres cofradías para que puedan pasar a otro lugar. Inclusive algunas hermandades de la ciudad han protestado por estos cortes de calle haciendo que su paso por ellas sea en la más absoluta soledad. Aquí creemos que por inventar algo que no hicieron los anteriores, el ciudadano les apreciará mucho más. Y no es así porque con estos cortes de calles, vallas a muchos metros de las cofradías, el mismo público dejará , poco a poco, de sentir lo que realmente desea en estos días y es ver, tocar y si es posible meterse en las trabajaderas para acompañar a los Titulares en toda su estación de penitencia. Una pena. Podría ser que el sentido común dijera que son necesarias las vías de evacuación y de zonas para vehículos de emergencia pero no pretendan que se realice un callejero paralelo al de las hermandades en su recorrido sólo para emergencias. A lo mejor querrían que las hermandades circularan por la quinta avenida de New York y no habría problemas; otra cosa es que no veo a mis hermandades saliendo por esos lares. Al final, todo el mundo a pagar sus sillas y allí como maniquíes de Zara, las autoridades no tendrán problemas de vías de evacuación; todos como niños en sus pupitres quietos y sin moverse. La termodinámica es muy clara en esto: cuanto menor sea el espacio, mayor entropía (desorden) me encontraré en dicho espacio. Es decir, si a la superficie del centro de Sevilla le cortamos un buen trozo para zonas de seguridad y evacuación pero las personas son las mismas o inclusive más (con el buen tiempo ni que decir tiene), o nos amontonamos unos con otros hasta olernos las axilas o el cabreo es extraordinario (cierto es que por ahora estamos en esta última opción). Piensen un poco y recuerden que cuanto menos hablen de ustedes la gente de a pié (que son los que introducen el papelito por la urna) mucho mejor.

Por último, el deseo continuo de que la Semana Santa es, ante todo, un acto religioso y nada más. Todo lo que le rodea, dícese inyección económica, turística, promoción de la ciudad, etc. vienen detrás. Por eso, concienciemos sobre el respeto a todas esas hermandades y hermanos que realizan su estación de penitencia. Anunciemos a la ciudadanía que dejar las calles sucias, botellonas, faltas de respeto en las calles, gritar al paso de un Señor o su Madre, etc no hacen más que desgastar las ansias por ver una de las semanas más importantes del mundo. Y como justo es hablar de todo, también concienciemos a las propias hermandades de lo que significa una estación de penitencia por la ciudad de Sevilla, empezando por el contraguía que vi ayer por la calle Feria fumando mientras daba instrucciones a los costaleros bajo el cante de una saeta.

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