Santa Madrugá sevillana versus bobos solemnes

Por un año que la climatología sale a pasear todos los días con nosotros para ver la Semana Santa, resulta que la madrugá de la Semana Santa sevillana 2017 ha tenido la desafortunada noticia conocida por todos de nuevas carreras y altercados en el centro. Haciendo memoria, ya en la Semana Santa del pasado año ocurrió algo similar, pero en menores dimensiones. Y gracias a la Policía y a la gente de bien que estaban en la calle tanto el pasado año como en el presente, no ha ocurrido nada grave aunque para esos músicos atropellados y para esa gente asustada, sí que ha pasado. Los dispositivos de seguridad han actuado a la perfección pero hay algo que no pueden atajar: la falta de urbanidad y de convivencia de unos pocos. Eso es lo que está ocurriendo en Sevilla. Ya dije en anteriores artículos que la ciudad y sus instituciones deben promocionar no sólo la fiesta religiosa, cultural, social y económica de la semana santa sevillana sino también el respeto y la educación de todos a los sentimientos que estos días andan por las calles. Y debe ser una campaña fuerte para que todos estos desalmados que se colocan su chaqueta para reventar la madrugada de pasión, se queden en sus establos descansando. Hoy seremos noticias en todas las televisiones por esta circunstancia y esto hace que todas las campañas para venir a Sevilla se vean diezmadas por unos pocos que afectan a muchos miles. Sevilla debe primar el sentimiento religioso de la noche al tapeo, la bebida y la risa; hay tiempo para todo. Pero que cuatro, ocho o diez necios provoquen que la gente se vaya a sus casas por miedo o, simplemente, porque les han quitado las ganas de ver cofradías en las calles es tan penoso como que durante semanas éste será el bisbiseo en las calles de esta heráldica ciudad.

Sevilla no puede permitirse más desencuentros con la nula educación y urbanidad de algunos de sus vecinos. Si Ella y Su hijo salen a las calles de Sevilla es para hablar con todos en paz pura y limpia. Sevilla debe erradicar desde el primer minuto a cualquiera que no presente un respeto en las calles. Y hacer de ese ombligismo del que presume cuando se va de vacaciones, una bandera en las propias calles de Sevilla. La Madrugá es un recogimiento mutuo entre persona, Cristo y su Madre y la propia Sevilla. Tres sentimientos recogido en uno sólo. Si los sevillanos no hacen suyo este triángulo equilátero, será muy fácil que memos e idiotas traspasen ese triángulo perfecto y arruinen una noche mágica. De momento, tendremos que esperar un año más y que el tiempo acompañe

Enlatada Semana Santa sevillana

He llegado a la conclusión de que los políticos sevillanos no han entendido las reglas del juego de la arena social en la que se encuentran. Por más que lo pienso, realmente creo que estos servidores de lo social, que no de la sociedad en muchos casos, no han leído el capítulo más fundamental del servidor público. Y me refiero a que la mejor obra de un político en la calle es que no se note su presencia. Más aún, que pareciera que no hace falta su labor. En estos días, la afluencia de público en las calles sevillanas para contemplar las sagradas imágenes de las no sé cuantas hermandades de la ciudad, se ha visto enturbiada por el nuevo callejero que los políticos han pintado en la ciudad. Es increíble como en aras de la seguridad el público se ve realmente taponado, ahora sí, en zonas donde la gente se ve aprisionada hasta que no pasen una, dos o tres cofradías para que puedan pasar a otro lugar. Inclusive algunas hermandades de la ciudad han protestado por estos cortes de calle haciendo que su paso por ellas sea en la más absoluta soledad. Aquí creemos que por inventar algo que no hicieron los anteriores, el ciudadano les apreciará mucho más. Y no es así porque con estos cortes de calles, vallas a muchos metros de las cofradías, el mismo público dejará , poco a poco, de sentir lo que realmente desea en estos días y es ver, tocar y si es posible meterse en las trabajaderas para acompañar a los Titulares en toda su estación de penitencia. Una pena. Podría ser que el sentido común dijera que son necesarias las vías de evacuación y de zonas para vehículos de emergencia pero no pretendan que se realice un callejero paralelo al de las hermandades en su recorrido sólo para emergencias. A lo mejor querrían que las hermandades circularan por la quinta avenida de New York y no habría problemas; otra cosa es que no veo a mis hermandades saliendo por esos lares. Al final, todo el mundo a pagar sus sillas y allí como maniquíes de Zara, las autoridades no tendrán problemas de vías de evacuación; todos como niños en sus pupitres quietos y sin moverse. La termodinámica es muy clara en esto: cuanto menor sea el espacio, mayor entropía (desorden) me encontraré en dicho espacio. Es decir, si a la superficie del centro de Sevilla le cortamos un buen trozo para zonas de seguridad y evacuación pero las personas son las mismas o inclusive más (con el buen tiempo ni que decir tiene), o nos amontonamos unos con otros hasta olernos las axilas o el cabreo es extraordinario (cierto es que por ahora estamos en esta última opción). Piensen un poco y recuerden que cuanto menos hablen de ustedes la gente de a pié (que son los que introducen el papelito por la urna) mucho mejor.

Por último, el deseo continuo de que la Semana Santa es, ante todo, un acto religioso y nada más. Todo lo que le rodea, dícese inyección económica, turística, promoción de la ciudad, etc. vienen detrás. Por eso, concienciemos sobre el respeto a todas esas hermandades y hermanos que realizan su estación de penitencia. Anunciemos a la ciudadanía que dejar las calles sucias, botellonas, faltas de respeto en las calles, gritar al paso de un Señor o su Madre, etc no hacen más que desgastar las ansias por ver una de las semanas más importantes del mundo. Y como justo es hablar de todo, también concienciemos a las propias hermandades de lo que significa una estación de penitencia por la ciudad de Sevilla, empezando por el contraguía que vi ayer por la calle Feria fumando mientras daba instrucciones a los costaleros bajo el cante de una saeta.

La vuelta

He despertado del letargo que me tenía sumido la misma vida; quizás mi propia vida ha sido la culpable. Y a´un intuyendo dicha ofrenta a los placeres que me da la luz de Sevilla, me dejé ir por ese desasosiego que tiene la corriente de un suspiro a punto de expirar. Y porque es cierto que este error de mi mismo me asombra de una forma extraordinaria, en algún punto muy alto de mi destino tan solitario y vagabundo, pienso enterrar mi ser, mi vida y mi nombre. No penséis que he nacido, sólo oled una leve fragancia de paso. No de mi alma, sino de ese eco resonante que te llega para anunciarte que un día pasé junto a ti y estuve llamándote.

Y vuelvo para que nuestros amores se empiecen a tocar en un perfecto ángulo; en una convergencia de destinos. Porque ya es hora de que se hablen.