Aries

Anochecía y juntos nos dirigíamos a nuestro lugar de encuentro. Recuerdo como te llamé esa mañana nervioso y con un nudo en el estómago pues la impaciencia por verte se compensaba maliciosamente por un no como respuesta. Es la cosa que tenemos los Aries, la impaciencia. Pero, tras un corto hola por un exceso de salivación demasiado pastosa, tu voz me relajó tanto que no supe si gritarte en ese momento que te amaba o salir corriendo a buscarte. Quedamos esa noche; en aquella esquina donde nos despedimos hacía ya siete días, 13 horas y 14 minutos. Mientras bajaba aquella calle que daría a la plaza de la República, me llegaban los finos olores del agua salada y el fino tintineo del agua en su amoroso choque con las piedras redondas ya de tanto besar el agua que le rodeaba. Y, al doblar aquella esquina del Ayuntamiento, te vi apoyada en el pretil del puente, mirando la imagen de la luna reflejada en el agua. Frené mi apresurado paso, pues quería memorizar el encanto de esa ave nocturna tan perfecta que me esperaba. Y, de fondo, un bello canto que envolvía la noche. Jamás supe de donde procedía pero alguien la puso allí. Fue a los pocos metros de llegar hasta ti cuando te diste la vuelta y entonces sentí que verdaderamente me había enamorado. Y eso me hizo pensar que no sabía que decir cuando la viera. Ni siquiera le había traído una flor, un recuerdo. Nada. Dos besos de saludo, un silencio hablado que duró una eternidad y nos dispusimos a pasear hasta llegar a un lugar donde cenar y celebrar nuestro nuevo encuentro. Una calle, otra, otra, una vuelta por el mismo lugar, unos turistas que pasean…..al final hablando tanto que el tiempo se volvió infinito en una noche cada vez más fría. Ya en la profunda madrugada nos sentamos en un antiguo noray porque nos dimos cuenta que las piernas no sentían tanto alivio como nuestro corazón por vernos. Allí fue donde pensé que nunca debería perder esa oportunidad. La única oportunidad. Así que mientras cerrabas los ojos envolviéndote en un sentido suspiro que hinchó tus pechos del aire salino más puro recuperándote del paseo, me santigüé y te besé con una suavidad vergonzosa para pedirte a la vez perdón por lo que había hecho. Y antes de que abrieras los ojos, te dije que no me preguntaras la razón de lo que había hecho, pues no podría responderte. Perdóname si te he molestado. Como comprenderás, mi corazón no entiende de distancias ni tiempos y necesitaba besarte. Yo ya no quería besar más al aire que había entre nosotros. Ahora quería decirte en este alba, que te amaba y que a todo te decía que sí. Tú que me haces reir a diario, no podías irte hoy sin un beso mío. No me digas nada amor mío ahora que te he besado porque ya te lo he dicho todo. Ahora sólo te pido una leve caricia porque quiero que me vuelvas loco y no decirte nunca más adiós. Tantos meses viviendo de ilusiones por verte para declararte mi amor y ahora resulta que te beso para atajar mis vergüenzas de amor. Perdona mi impaciencia. Perdona mi loco amor marinero. Perdona mis desbocados sentimientos más puros. No me decías nada. Tan inmóvil estaba mientras te hablaba que no me dí cuenta que te habías sentado en mis rodillas. Fue entonces cuando cogiste mi mano entrelazando tus dedos con los míos y llevándotelas a tu pecho me devolviste el mismo beso que te dí. Ahí empezó todo. Y no pregunté nada más porque me lo dijo en un simple beso.

Me dejó

La verdad es que nunca me has querido. Son mis cinco sentidos los que me lo dijeron, por eso sé que no me has llegado a querer aunque me lo dijeras con la Luna de testigo. Por eso, pienso que siempre he sido muy desgraciado; tanto como que te he querido por todas las esquinas y noches de esta ciudad. Yo buscaba la flor que más amaba y entre romeros y escondites de callejones yo ansiaba esa flor que amaba. Ahí te encontré hace varias primaveras con tu piel morena aliviando mis penas durante mi paseo nocturno. Así que he decidido salir de este escondite lúgubre para salir corriendo de esta pena mientras pido clemencia a Dios para que no te castigue por el dolor que me has infringido. Yo, como caballero, te daré la más alta gloria; pero cuando yo acabe mi sufrimiento. Me pareciste tan buena que aun así te llevaré en mi memoria porque yo siempre querré vivir de tus recuerdos aunque eso sea para mi el comienzo de morir.
Me pasaré el día escribiendo tu nombre para después borrarlos entre suspiros. Dime, tu que sabes, porqué es tan fácil enamorarse de ti sin querer. Y cuando me veas entrar en un asilo por mi vejez, piensa que no tengo a nadie que me pueda atender. Tu no quisiste, por eso, cuando me veas, no sientas pena sino sólo en el interés que tuviste para no quererme aquella vez. Ya no me dormiré más pensando en ti, pero si miraré al negro cielo para preguntarle que haré yo ahora sin ti. Pozo de honda amargura, que sed tengo de aquella mujer que no me amó, soy palomo perdido entre pinares del Puerto, ya no se me enciende la mirada cuando pienso en ella…..no se que hacer. Dame ya tu mano muerte aciaga que para qué seguir, y si escuchas a alguien que todavía sigo queriendo, no le hagas caso porque desde que ella me engaño, yo ya ni sueño ni vivo.

Matrimonio

Aquella noche que me dejaste junto al río, me fijé que las estrellas dejaron de colgar del cielo y que la brisa que llegaba del mar, murió de un profundo suspiro que me hizo temblar tanto, que hasta la soledad se estremeció. Fue tanta la pena que sentí, que desde entonces sólo me rodea el silencio. Sólo silencio. Ya no me llega ni el eco de los perfumes que se desprendían de tu cuerpo. Rodeado de crespones ya sólo me queda la soledad como acompañante en mis paseos nocturnos. Porque tú fuiste la que me dio vida; sólo tú. Y, sin embargo, me dejaste. Hoy me dí cuenta que hasta los arroyos que mojaban tus pies se han secado. Vuelve amor, vuelve que parece que mi amor es ahora la soledad. Nadie habla a mi paso, ya no me arrulla ese gato cuando te veía llegar. Y como no puedo seguir viviendo así, como no puedo comprender tu decisión que me hizo tanto entristecer, quiero que esta aciaga tarde en que te pido venir y no vienes sea testigo de mi pedida de matrimonio a la soledad. Estoy tan cansado de llorarte en las esquinas y de hablar a solas con mi alma que será la soledad con la que pase el resto de mi vida. Sólo quiero que sepas que cerraré mis ojos para imaginar la última tarde que pasamos juntos. Lo haré una última vez, no puedo esperarte más.