Salida nocturna

Anoche salí a buscarte entre aquellas esquinas por las que paseamos la pasada madrugada. Aquella noche fuiste mi flor y no quiero olvidarte. Por eso esquina a esquina tengo nostalgía y angustía a la vez pensando en tu huída. Miro con tristeza aquella rosa que se cayó en la esquina cuando te besé y allí, al otro lado de la fuente, observo la muesca que hice en la piedra con tu nombre; lo hice como un fantasma enamorado entre luceros del alba y al refugio del mundo que no me observaba. Y ahora, borracho, lloro con una pena dolida pensando en tu respiración mientras me susurraste que tu amor era de juventud, de locura, de olvido por otro amor que te hizo sufrir. Y, yo besándote, quise borrarte esos antiguos besos que te marcaron. Fuego que me respiraste y amor del que me hablaste fue el aire que respiré esa noche y hoy he salido desesperado a buscarte de nuevo. Me haces sufrir y quiero volver a verte; lo necesito. Porque aunque fuiste el beso de una sola noche, necesito saber si mi obstinación por ver tu sonrisa y oler tu respiración significa amor o que tengo que pedir a la vida una nueva oportunidad de juventud.
¿Dónde estás? Que causa ha hecho que hoy no estés junto a mi. Que sepas que hoy emborracharé el alma porque quiero engañar a mi soledad que me recalca que me has abandonado. No quiero ser un perro abandonado porque si al final debo ir con mi soledad, que sea, al menos, sabiendo que te he visto una vez más. Permíteme acercarme a tu boca, sentir el fuego de tus labios cuando me hablas de amor. De amor, sí, porque no puedo vivir sin ti. Aquí y allí, necesito podértelo decir.
Bailaré sobre la fuente un círculo de amor con una copa en la mano que brindará por nuestro amor. ¿Es que acaso no me oyes? ¿Es que no puedes volver a susurrarme amor? No me hagas rebajarme como un loco enamorado porque quiero que me veas como un respiro en tu día a día. Quiero,-¿no lo entiendes?- que montemos en la noche más oscura para dirigirnos allí donde nace el Sol; allí donde te pueda decir ¡Te quiero, amor! mientras te alumbre con una mañana de abril. Cruzaré el puente porque yo, sin ti, no podría existir. Hoy a todos les digo amor, un amor gaditano al que dije viento y vela, llevadme hasta su vera, porque cuando desembarque en la orilla más trianera, que sea a sus pies, con la torre al fondo y la Giralda aduanera.
Que nostalgia más plena ahora que he salido a buscarte y como sería esta locura de la soledad que me acompañaba, que me vi como un niño recordando miedos pasados cuando llegaba la noche más amarga. Sal, que quiero borrarte esos antiguos besos. Hoy ha pensado de nuevo en ti porque al salir he olido, que la primavera ya esta aquí.

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Espérame

Ojalá pudiera pasear contigo a solas por la arena marcando nuestros pasos y con la sinfonía de Poseidon a nuestras espaldas. Ojalá pudiera sentir tu voz, siempre cálida, relatándome tu último año en que hemos estado tan lejos uno del otro. Ojala pudiera tocarte sin más pago que una sonrisa. Ya amanece y todos estos deseos se han engendrado durante 12 meses; los mismos que llevo sin verte. Por eso, también empecé a hacer las maletas tantos meses. Toda la noche pensando como sería nuestro reencuentro. Nos despedimos con preciosas palabras que aún recuerdo pero que están tan desgastadas de tanto repetirlas que ya no sé si fueron tus últimas palabras o las he construido yo en la desesperación de la noche por no tenerte a mi lado. Ya sólo me queda buscarte en cada una de las cartas que te escribí porque no quiero que se me olvide decirte nada; hasta la última palabra. Pronto nos veremos y creo que estaré preparado para ello pero perdóname si cuando te vea después de tantos meses, me quede colapsado. Intentaré no hacerlo porque el tiempo sigue pasando y volverá a llegar el día en que tengamos que volver  a despedirnos. Los segundos son vida para mi. Necesito sobrevivir cuando esté lejos de ti y no tengo otra forma de hacerlo que amarte día a día y no caer en la desesperación cuando piense que volveré a separarme de ti. Ya queda poco amor, espérame porque pronto, muy pronto, nos reencontraremos para no volver a separarnos.

Canta torremora

Ayer fui a verte a la luz de la Luna. Ayer fui a verte para que me cantaras de una forma tan alta que me doliera hasta la vista de tanto verte cantarme versos de amor. Canta por favor porque me falta el aire siempre que no está tu voz. Ayer me escuchaste en el quejio de la noche y hoy estoy aquí para que me condenes a verte contenearte en estas noches de calor. Y aunque me esté muriendo en esots días, haz que las estrellas me tapen caidas desde el cielo, acurrúcame con un beso tuyo y dime buenas noches con una nana como sólo tú sabes decir. Recuerdo aquella vez que quisé abrazarte y muchos se rieron de verme tan pequeño ante tal hembra. Pero aprendí a ser bueno contigo y no hice caso de los demás.
No tengo hermanos a los que hablar, sólo tengo la esperanza de tenerte en mis recuerdos una vez que me vaya. Pero contigo, todo me basta. Empezaste como una amistad, con un llanto en un día aciago, pero tu me diste, sin embargo, fuerza y tesón para que todo lo superara. Por eso, ¿para que tener hermanos a los que poder contar? suficiente contigo. Y ahora, sentado a tus pies, nos reconocemos entre amores encubiertos, entre coplas que tu cantas y que yo muerdo entre labios queriendo seguirte. Así seguimos andando. Pero yo en soledad. Aún así, siempre te consideraré la mujer más hermosa a la que puedo amar. Y no sufro por tu amor, sólo por el hecho de pensar de cuando podré tenerte junto a mi y que no seas un simple recuerdo de sueño angustiado de que me habías abandonado.

La fuente

Grité desde aquel rincón buscándote pero no tuve respuesta. Ni de ti, ni de nada. Sólo escuchaba el llorar de aquella fuente en la esquina. Que ganas de llorar tuve en aquel momento. Fue mi culpa la que me llevó a esta situacion. Y le dije a la soledad que viniera a acompañarme pues te quise tanto que necesitaba decírselo a alguién aunque fuese llorando tras aquel rincón. Latente aquella noche de estrellas pero asombrada por mi grito, se escondió la Luna pues ni ella podía desterrar mi pena de aquel rincón. Ya ves soledad como todo se ha esfumado de repente. Ya ves que noche más larga me espera soledad. Y si cantara a su voz, si le pudiera decir donde me encuentro, quizás pudiera respirar hasta el amancer. Soledad, aunque me esté muriendo, encuéntrala y dile que me cante. Le dejaré mis más lindos versos; los que por ella aún pienso en su voz. Por eso, soledad, necesito que vueles por este aire y la halles. Desde aquel día que me cantó en esta misma esquina mientras lloraba la fuente, aplaudo con mi alma pero poco a poco aquel beso que me dio se esfuma entre sollozos de noche. Ya no creo ni en mi mismo.

S.O.S.

Sirvan hoy mis letras para pedir un S.O.S. Si hace algunas décadas se lanzaban los S.O.S. a través de las ondas hertzianas de radio, hoy en día, este S.O.S. debo lanzarlo a través de los bits de los cables de fibra óptica que son las verdaderas articulaciones de ese gran monstruo denominado Internet. Este humilde servidor, aprendiz de todo y siempre con buena voluntad tiene, después de 2 años de preparación, una colección de 59 poemas que quisiera editar. La mala suerte de la temática y la crisis actual que ya llega a ser de límites infinitos dado los augurios que nos rodean, hace que hasta ahora ninguna editorial haya creído en este proyecto de poemario aunque ha recibido las bendiciones de algunos poetas amigos, pero críticos, y expertos en filología hispánica. Por tanto, mando a todos mis seguidores millones de bits con una carta bajo sus digitales brazos para que lo entreguen allá donde lleguen con la finalidad de que alguien se enamore de este proyecto y lo saque a la luz.

Podría escribir a D. Amancio Ortega  o a la Fundación Lara de Planeta para que me eche una mano pues con el 0,0000000000001% de su capital, mi proyecto saldría a la luz. Pero creo que aferrarse a las utopias sólo te da hambre de espíritu y soledad terrenal. Pero la estupidez humana hace pensar que estas letras también podría llegarles.

Asi que, lo dicho, un S.O.S. para un amante de los sueños literarios que no quiere morir con sus cuartillas guardadas en un cajón y que las tirará algún desconocido en una de esas terribles limpiezas caseras que se hace de vez en cuando cuando uno fallece.

“El viento entró por tu puerta

y se asomó a tus sueños

y bañandote en sus brazon

impregnó en ti mis versos.

Pero recogiste velas

oliendo a mar y viento.

Fueron mis mensajes de sal

los que se perdieron lejos”

 

“Siento todavía el crepitar

del lecho en que tuvimos

aquel sueño.

Fue el viento de la noche

quién me dijo

que te fuiste sin decirme

lo siento….pero te quiero”

 

 

Iluso humano

Llegué el pasado día a casa después de barruntar, un día más, el porqué todo lo malo llegaba hasta mi. Cansado ya de tanto pasear entre un calor insoportable y un aire caliente que marchitaba cualquier idea brillante, pensé que lo mejor que podía hacer era marcharme para casa y descansar lo que pudiera aunque los problemas me vinieran a la cabeza minuto tras minuto. Eran ya muchos meses de desasosiego y faltas de sueño. Las obligaciones bancarias, préstamos, acritud hacía la misma vida, impuestos, etc. Todo un laberinto del que no sabía como salir. Incluso odiando los aviones, llevaba una temporada mirando al cielo, como los niños más inocentes, para ver si mi vista llegaba a alcanzar la estela de un avión en pleno vuelo. Y soñaba y soñaba con estar allí montado. Daba igual donde me llevara. Lo importante era estar a tan alta altitud, que nadie te pudiera ver ni oir. Que cosas, amar la vida en otros tiempos y ahora, desear encontrar la paz más absoluta; donde nadie pueda ir a buscarte para luego volver. Antes de comenzar a comer un triste bocadillo relleno de las cosas más variopintas que pueda uno imaginar y un vaso de agua, recordé que debía llamar a un viejo amigo, pues poco sabía de él desde hacía meses. Mis agobios y preocupaciones me habían absorbido tanto, que el agua de la vida ya casi no me dejaba recordar a quienes tienen amistad con uno. Su llamada fue corta y, a la vez, eudcadora. Mi amigo que ya venció hace unos años dos cánceres, ahora le habían diagnosticado otro. Es ya el tercero. Y me contaba su resignación y su fuerza pues ya venció a los dos anteriores y ahora quería hacerlo con éste. Hasta que el cuerpo aguante. Médicos, quimio, pastillas……personas como tú son necesarias al frente de la vida. Maldito iluso ingenuo, pensé de mi al colgar. Se te caen dos lágrimas por el coraje de tu amigo para salir de su tercera bola de partido y, sin embargo, te escondes de la vida por cuatro asquerosos problemas que no te quitan la vida sino el dinero del bolsillo. Te repito, tonto ingenuo. Cada vez que lo pienses, recuerda a tu amigo. Eso sí es un problema. Si no me crees, pregúntaselo.

Mi decisión final

Jamás pensé que fuese a escribirte esto. Núnca estuve preparado para algo así. Pero los acontecimientos me han hecho cambiar de opinión. Hasta los arboles que me rodean lloran día y noche. Y esto ha heccho que cambie. La soledad ha entristecido y allí arrinconada junto al arroyo, posa con su mano en el mentón al verme ahogado; ella sabe que no volveré a ser como antes. Ni siquiera volveré a hablar con ella como antes. Si antes era flamenco al repartir cariño, ahora soy lloro contínuo y eterno. Ya no puedo más. El día se alarga como una recta sin fin, la garganta se estrecha al pasar las horas de un sol que no deja de apretar. Y sólo llegan los soplos de aire cuando tú, de vez en cuando, me animas a no desfallecer. Lo que fué un inicio descafeinado e intermitente, se ha vuelto un paseo diario en la mente por un malecón de olas frescas y viento enraizado que permiten bajar la arritmia del amanecer. Lo que fue un inesperado encuentro, se ha convertido en un imborrable momento de sucesos imaginados esperando quizas otra vida para llevarlos a cabo. Ya quedan pocas fuerzas, sólo queda que la marea me lleve como cuál salmón en sus estertores de la vida. Reconozco que otros lucharían contracorriente, pero ya no me quedan fuerzas para aletear al viento y salir de este rincón tan tan estrecho que se ha llevado cualquier tipo de emoción por estar aquí. Y reconozco que si tú supieras esto, pelearias para que no tomara esta decisión; lo sé. Pero son muchos segundos sin aire, son muchos minutos de desasosiego y son muchos los días donde la muerte neuronal se extiende exponencialmente. Sólo quería una vida tranquila pero no ha podido ser. Ayer ya tomé la decisión de solicitar salir de esta caja llamada vida. Y lo hice oficialmente a quién corresponda. Por correo certificado y acuse de recibo a la atención del Todopoderoso en la calle Cielo eterno sin número. No puse el código postal pero no hacía falta pues la dirección es única. Espero haber sido una ilusión en tu vida y un amor lejano que fue seguro tan juvenil como intenso. No culpes al mundo de toda esta situación. Todos jugamos una partida de cartas en la vida y algunos perdemos. Aceptémoslo los dos. De todas formas, quiero que sepas que maldigo la vida que me ha tocado y que me llevo muchas notas por si algún día vuelvo a bajar, pues no quiero cometer los mismos errores que ahora. Ayer desembalsé mis últimas lágrimas entre almohadones blancos e ilusiones rotas. Pero no te preocupes, tuve sueños donde te colmaba de bendiciones para que tuvieses más suerte que yo. Ya ves, hace unos días no estaba preparado para abandonar la partida pero ahora sí. Me he convencido de mi fracaso. Sigue tú que seguro triunfaras. Ya me contarás cuando nos volvamos a ver como te ha ido e incluso haré las gestiones para que me acompañes a una nueva vida y hacer todo lo contrario a lo que ahora me ha llevado al fracaso. Recuerdame de vez en cuando para que alguna estela de esperanza me llegue esté donde esté. Y si te preguntan, di que me fui para aprender a reirme de la vida para, cuando vuelva, ser lo que quería realmente ser…

Calores al filo del pretil

Entre sombras de suspiros de calor y pensamientos de lo que pudo haber sido, pasaba una tarde apoyado en los bajos de una ventana mirando al paisaje más verde y triste que podría ver. Recordaba como tus manos me acariciaban, como tus ojos más azules que el cielo me miraban mientras me sonreias. Pero todo en un sueño; era todo un sueño. Por eso me prometí que el día que de verdad me quisieras, le diría al viento más salado que recorriera todos los rincones del mundo para recolectar las estrellas más brillantes del cielo y poder engarzártelas en tu mismo cuello. Me prometí que te traería las flores más olorosas, los azahares más blancos para perfumar tu venida a este mundo. Mientras tanto, sólo me queda amar a la soledad, a esa estrella que lleva tu nombre y que de tanta pena ya parece que ha dejado de brillar. Desde aquel día en que te fuiste, sólo existe soledad. Hasta el mismo arroyo donde mojabas tu pelo se ha secado. Vuelve ya porque quiero despedir a mi soledad. De momento, y hasta que no vuelvas, sólo hablo con mi soledad. La misma que nombraste como tu sucesora. Y si te digo la verdad, la soledad grita tu nombre entre las calles pidiéndote que vuelvas ya, pues ella no puede levantarme la cara como lo hacías tú. Cuanto más cerca pareces estar de mí, más lejos acabas yéndote. Así no puedo seguir andando en esta vida, cicatrizado de soledad y mirando siempre hacía atrás por si me sigues. Y aunque te tenga como el amor más hermoso, no tenerte es no tener la libertad de amar. Vuelve ya. ¿O acaso no has entendido que necesito despedir a mi triste soledad? la que tú me mandaste y la misma que ha terminado de asquearme de tanto suspirar. Me desvelo por ti. Soledad y nostalgía. Eso tengo. Y preveo que pronto llegará la misma angustia del fin de mis días; llamará a la puerta, me nombrará y ya poco podré hacer. No tardes en volver.

 

A tu vera

Tanto calor hacía que decidí invitarte a dar un paseo para recorrer tu amanecer aunque estuviese llegando la noche. Verte fue encontrar la calma,  y mientras me cantabas un tango de susurros yo iba diciéndote con todas las comas posibles, como me sonaba tu voz mientras recoríamos el Alcazar o el mismo Patio de Banderas. Canta amiga mia. Tu cante es de pena pero a mi me supera tu pena y redoblo mis aplusos entre caminos de albero cuando recorro el callejón del agua refrescándome la cara con tu sonrisa iluminada mientras me cantas. Ese frescor de azahar mientras mueves tu falda insolente mientras me miras. Cantame un tango de pleno equilibrio. Ya ves cuanto te quiero. No pares. Háblame, porque me enseñas cada vez que te mueves. Canta por favor, porque si cantas, aunque me esté muriendo, seguiré creciendo aún cuando sea desde el cielo. No pares, porque hasta debajo de tu almohada hallaras mi olor.

Y hoy, ya sin tu vera, soy yo quién canta ese tango que me enseñaste entre naranjos. Entre arenas de albero, entre piedras centenarias; yo canto mi pena de no tenerte a mi lado. ¿O será que ya no estoy allí para escucharte y sólo te oigo desde el cielo?

Contigo a tu vera aprendí todo lo bueno. Aprendí que también debería llorar cuando te viera llorar. Y recuerdo aquella ocasión en que quise ser fuerte y no llorar. Que mal me salió. Por eso me emborraché y pasee contigo del brazo. Por presumir, aunque supiera que en esta vida debería llorar cuando viera a otros hacerlo.

Por eso, amor, el día que te mueras, dímelo. Quiero esperarte en la misma puerta del Cielo. Te enseñaré estrellas y cielo y juntos, desde arriba, recorreremos nuestros caminos de albero.