A ti

Hoy salí a tu encuentro. Me vestí cuidadosamente entre velados claros del amanecer, impaciente de verte un día más aunque tu no me echaras tanta cuenta como yo lo hacía. No importa, ver tu grandeza y tu luz eran para mi un aire puro que me desgastaba la garganta y desterraba mi soledad nocturna cuando cerraba mis postigos de las ventanas. La música ronca de los goznes al cerrar la puerta y pensar que no te podría ver hasta el amanecer me impedían conciliar el sueño. Sólo tus recuerdos del pasado día me hacían encontrarme con Morfeo de una forma tan sumisa que hasta soñaba contigo. Y ahora, a punto de salir, pienso en esa figura humana que describe ternura que no tormento. Cuando me miras, me pierdo; por eso no quiero que nos encuentren nunca cuando nos miremos a solas en nuestra esquina preferida. Es allí donde enloquezco como un loco envuelto en aires de amores para, a solas, recitarte mis versos. Ayer, amor, te confieso que en este laberinto de amores en que me encuentro, te pedí una flor para alegrar mi corazón yerto pues hacía días que no sabía de tus sentimientos. Por eso, hoy estoy decidido a que nos juremos amor eterno. No permito interferencias cuando es tu amor el que no quiero perderlo. Pero, si como tanto deseo, eres tú quién me buscas iré donde quieras a dibujarte en mi corazón como cuál lienzo porque será tú, Sevilla, la que emanarás aromas y fragancias, amor y locura. Todo aquello que te doy con infinita vehemencia aunque seas tan escurridiza.

Nota: leer con la melodía adjunta  https://www.youtube.com/watch?v=hNwvwW98mzY

 

 

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Glosa al desamor

Te quise una vez

y así te lo dije

éramos aún tan niños

que de amor, hasta desprendidos.

Una vez en el parque

no me quisiste ni hablar

y yo al preguntarte

me dijiste que te dejara en paz.

Yo preocupado por tu desaire

te volví a empujar

y tu en un alarde de valentía

me dijiste que me querías olvidar.

Te miré tan de cerca

que noté que nunca me habías querido

sólo fue un capricho de niños

lo que habíamos tenido.

Al salir del parque, te volví a mirar

te quiero tanto

si te hicieras cargo

me verías siempre llorar.

Han pasado algunos meses

de tal desencanto

te repaso tanto en mi memoria

que hasta me aborreces.

Tan ciego me tenías

que fue mi madre quién me lo dijo

y he llegado a ver

que tu venda me ahogaría.

Pero ayer al salir del teatro

te vi con un hombre del brazo

me encomendé a mi Cristo

no quería verte ni un rato.

Tan flamenca paseabas

que te crucé en el llano

tus ojos eran ladrones

que hasta mi ser juró arrebato.

Esa noche te soñé

que estabas a mi vera

y me desperté angustiado

pensando que te traicioné.

Han pasado setenta años ya

y me dicen que me quieres encontrar

vete al sepulcro de mi casa

y grita mi nombre por si está.

Vino por mi la muerte

que me apartó de tu lado

llegaste tarde, lo sé,

ella me robó tu querer.

(MMS)

Despedida

Que suerte tuve de encontrarte hoy aquí. Vagaba entre mis pensamiento más oscuros intentando salir de mi laberinto de preguntas angustiado por saber si con mi decisión, yo te perdería para siempre. Incluía en todas mis variables los buenos momentos que hemos pasado juntos y aquella tarde en que te vi por primera vez. Pero también incluyo la poca llama de amor que asoló nuestro amor hace pocas semanas. No quiero perderte, pero sólo la idea de que no seas feliz a mi lado me destruye el aliento con que me levanto cada mañana. Antes, era la vida misma la que me alzaba cada amanecer y me empujaba a besarte. Ahora, no sé. Fueron muchas las palabras de consuelo las que nos dimos cuando todo no marchaba. Y fueron muchos los besos que nos dimos cuando todo lo superábamos. Será esa la razón del porqué bebemos la vida a pequeños sorbos, mitigando los días grises a fuerza de sonrisas y pensamientos positivos. Y aquí me tienes. En este pretil del acantilado más rocoso a punto de tirarme al vacío. Al lecho de una ola que me aleje con su marea a la parte más profunda del océano. Quizás, así, puedas respirar más tranquila. Deja que termine mis días pensando en ti. Recordando tu mirada. Abrazando ese beso que me lanzas. Cuando te conocí, quise parar el tiempo. Por eso salí a la calle para estrujar al viento. Y lo conseguí de tal forma, que hasta hace poco no me di cuenta lo enamorado que estaba de ti pues nuestros días no terminaban. Día, noche y alba. No parábamos de suspirar y yo miraba de reojo al tiempo por si debía volverlo a abrazar. Que ni siquiera el viento mueva las hojas. Nosotros somos los únicos dueños que queríamos seguir viviendo. No más. Pero ahora, vete. No quiero que veas mi último suspirar. Sea hoy el día en que arranques las agujas del reloj para que el tiempo no siga parado. Que corra como nunca. Adiós.

Episodio 1.Travesía a través del Golfo

Cuando Rob Danson pasó el cabo de San Vicente al atardecer de un doce de enero de 1.999, observó cómo su yate de 23 metros de eslora y 4 de manga se escoraba a babor con una gran virulencia. El viento de poniente que él tanto desconocía se hizo patente con tal fuerza, que Rob se enganchó a una línea de vida por lo que pudiera ocurrir. Arribó velas con rapidez y dejó al descuido un clásico pote de latón que le acompañaba desde su salida, hacía ya treinta y dos días desde un puerto escocés. Rob Danson era el clásico lobo de mar que decidió un buen día vivir sus últimos años en lo que más le gustaba: la navegación. Pocos meses antes, había quitado marras de todas sus obligaciones terrenales en su Escocia natal; había vendido su casa, su coche, sacado buena parte de sus ahorros y hasta una pequeña perrita de nombre “Kira” se la había donado a Jeff Brown, el dueño de un bar que se encontraba junto a la dársena por donde solía ir todas las tardes.

Aquel viento de poniente era frío y avisaba a lo marinos de que la cosa no sería fácil para cualquiera que pasara por allí. Rob divisaba a lo lejos diversas luces de la costa y  algún faro necesario para su navegación, por lo que pensaba que lo mejor que podía hacer es costear, más cuando aquellas aguas eran desconocidas para él. Enfilaba las olas con un cierto ángulo para que estas no le hicieran volcar y su intención era llegar lo antes posible más al Sur, dónde se encontraría con el Golfo de Cádiz que le daría refugio. En un pequeño receso del viento, abrió la escotilla donde se encontraba el motor y revisó las partes mecánicas más esenciales para que no se viniera abajo en el momento más inoportuno y, por supuesto, cotejó su reserva de gasolina. Después de aquello, se aseguro que no hubiese ningún objeto peligroso en la cubierta. A la altura del puerto de Huelva, Rob llamó por la radio para que le dieran el parte meteorológico y dar su posición. Desde tierra le dijeron que se esperaban fuertes vientos de poniente durante la noche y que así durarían, al menos, las próximas 24 horas. Le remitieron igualmente a los puertos más próximos a los que se podría dirigir en caso de dificultad…….