NO CORRAS. DESPACIO VAS MUCHO MEJOR

Decía el poeta Miguel Hernández “dale al aspa molino, hasta nevar el trigo. Dale a la piedra agua, hasta ponerla mansa”. La fuerza con la que algunos quieren hacer de sus eventos y creaciones un acto de fe en Sevilla hacen que se pierdan los sentidos de que esa libertad social de la que tanto se habla debe incluir también el respeto hacía el que pasea por la calle o se levanta cada mañana muy temprano para ir al trabajo. Algunos en su conciencia de que cuanto más escandaloso lo haga más repercusión tendrá, no han calado que el “cuanto más” no puede, ni de lejos, suponer la falta de respeto al prójimo. Porque igual que se piden los derechos para el que puede ser desahuciado de su casa, igual que se piden los derechos para que todo el mundo tenga un pan que llevarse a la boca, igual que se piden los derechos para los que no creen en religiones, igual que se piden los derechos para los que son victimas de la violencia en su país, deberían pedir el derecho para los que tienen una identidad religiosa sea la que fuere.
Seguía diciendo Miguel Hernández que el “odio se amortigua detrás de la ventana”. ¿Por qué utilizar la religión cristiana para publicitar un evento de cine? Siempre la cristiana, siempre la misma. Que fácil es esconderse en la religión…cristiana. Y aunque el anuncio hubiese sido protagonizado por un musulmán, las mismas palabras tendría. Si a las palabras de Fernando Trueba hace unos días le sigue este anuncio del Festival de Cine sevillano, créanme que muy mal va la creación artística de este país. De todas formas, me permito pensar que el autor que ha realizado este anuncio no ha pensado en hacer publicidad, sino escándalo. Y lo ha hecho de pleno. El público irá o no irá al Festival, pero lo que si harán es hablar de el.
Ay, qué hubiese pasado si la figura del nazareno la hubiesen cambiado por un musulmán o un exiliado sirio. Me imagino la catarata de críticas recibida. Es más, con sólo pensarlo estoy seguro que el creador del anuncio ni hace la maqueta. Pero es Sevilla, señores. Es la Sevilla del maridaje político. Es la hora de la verdad. Aún así, felicito a los creadores porque me han demostrado que tienen bemoles para este tipo de anuncios publicitarios. Ya sólo espero que tengan mayores bemoles para que el próximo año se comprometan en hacerlo con otra religión. A la cristiana ya le ha tocado este año. Pasopalabra…

http://sevilla.abc.es/pasionensevilla/actualidad/noticias/el-ayuntamiento-veja-a-un-nazareno-para-anunciar-el-festival-de-cine-83006-1443085884.html

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La Comisión

Leyendo el pasado día el relato “La gran coquiná” dentro del libro “El zafiro negro y otros relatos”, obra cómica donde los personajes intentan aprovecharse unos de los otros, recordé como la historia del personaje principal es, a gran escala, nuestra propia persona del día a día. No soy persona de buena memoria y eso quizás sea lo que contribuye a la felicidad que me he formado, salvaguardándome de tonterías contemporáneas y del perpetuo asombro de cuantas cosas alcanza mi vista cada vez más presbícica. La literatura es la expresión del progreso de un pueblo, y la palabra, ya sea escrita o hablada, es simplemente la representación de ese progreso, de esa palabra. Por eso, cuando mi gran amigo Luis Cernuda dijo aquello de “dime, alma, por qué tu voz se apaga” se refería, sin quererlo, a nuestra tristeza como persona que se da cuenta de cuanto nos toman el pelo algunos al utilizar el castellano. Me siento como si llevara una gola de linón cuando se cruza ante mis ojos la palabra “comisión”. Según Google, el resultado de esta palabra en el buscador da como resultado que podemos hallarla en 18.000.000 de documentos. Ya ven, como para preocuparnos por alguna comisión más en Andalucía. Total, seria la número 18.000.001. Y por decir, seguro que alguno piensa que se resolverá cuando antes se hayan resuelto las dieciocho millones de comisiones anteriores. Porque deben saber que según mis notas acerca de las pesquisas de esta palabra, estamos rodeados de comisiones; y alguna, seguro, le toca amigo lector. Comisiones parlamentarias, comisión europea, comisión bancaria, comisión del mercado de valores, comisión de investigación, comisión de garantías democráticas, etc. Señores, somos un apéndice de las comisiones. Sin ellas, no podemos levantarnos. Un periodista cree que el publico que merece la pena son sus suscriptores, un abogado que así serán sus clientes y un médico sus pacientes. Y el político cree que el público sabio y coherente será aquel que está de acuerdo con él en formar o no una comisión aunque está sea infinita en el tiempo y corta en información. Pero estoy seguro de que no existe un público unívoco e invariable. Existe tanto público como cada uno de nosotros, con nuestros éxitos y fracasos, con nuestros caracteres y rasgos. Las creaciones de comisiones son, en muchos casos, pretextos tapadores de fines particulares. Caigamos en el detalle. Analicemos, por tanto, cuando nos hablen de formar una comisión y después, con verdadero ímpetu campeador, concluyamos si es digna de lisonjear o de mover nuestros ijares con desparpajo por reírnos. No caigamos en los personajes de “La gran coquiná” que por algo alguien nos dio la virtud de razonar. No volvamos a escribir el texto de “Desilusión de la quimera” de Cernuda.

La noticia numeraría

Decía El Buscón de nuestro entrañable Francisco de Quevedo que “viéndome, pues, con una fiesta revuelta, un pueblo escandalizado, los padres corridos, mi amigo descalabrado, y el caballo muerto, determiné de no volver más a la escuela ni a casa de mis padres, sino de quedarme a servir a don Diego”. Ciertamente, esa es la sensación que muchos podemos tener cuando cada día salimos de casa y escuchamos las noticias actuales por cualquiera de los medios que tenemos a nuestro alcance. De hecho, ya le daría a los etimologistas y anatomistas del lenguaje el origen de la palabra número porque de aquí puede deducirse el significado de la palabra pesadez española en el lengaje castellao u ojana mañanera en el lenguaje sevillano. Para alguien que escucha la radio, son innumerables las veces que cambia de canal cuando la noticia boba del día se repite una y otra vez. Es como si alguién pretendiera enumerarnos el número de veladores en Sevilla o el número de veces que hemos visto que alguien ha tirado con predemitación y alevosia un papel en plena vía pública; una tortura inutil. La noticia pesada del día suele tener sus variables. Así, está la variación de noticia infinita cuando llegada la noche la escuchamos en el enésimo medio de comunicación. En este caso el oyente llega a emitir opinión propia pues son ya tantas las vías de escucha que a estas alturas es un tertuliano más de la noticia. Otra variable es la noticia doméstica cuando llegamos a la conclusión de que ésta es digna de compartir en el hogar o bélica cuando creemos que es el lugar de trabajo donde daría más juego. Pienso que todas estas noticias terminan por colgarnos las mazas y señalarnos como el chico, padre, novio o amante fetén que todo lo sabe. Recuerdo a ese camarero meritorio que encontró trabajo en la calle Mateos Gagos de Sevilla y el primer día le pusieron a contar veladores en esa calle. Al final el buen hombre volvió sin saber el número exacto pues se perdió cuando iba por el velador 345  y con varias heridas de coches porque tenía que andar por la calzada pero sí venía con muchísimas historias de los clientes que lo habían bautizado con el numerario de la calle Mateos Gagos; incluso se hizo fotos con algunos turistas alemanes. Desde luego, cuanta razón tenía el pitagórico Filolao cuando dijo que “Todo lo que se puede conocer tiene un número. Sin el número no conocemos ni comprendemos nada”

El giro alocado y esotérico de las rectas paralelas

Según publican varios medios de la prensa escrita y audiovisual la extinguida Unión Soviética, dícese de la actual Rusia, no ve con malos ojos que la familia real rusa vuelva a casa. Más bien quiero decir sus descendientes puesto que al zar Nicolas II lo asesinaron junto con toda su familia. Y extienden estas informaciones periodísticas, de forma sibilina, que otros paises europeos del Este están considerando hacer lo mismo con sus respectivas familias reales o lo que queda de ella. Evidentemente es una noticia que no deja de ser, al menos, curiosa puesto que hablamos de territorios donde en el siglo pasado desterraron a galope de carros a todos estos linajes de sangre roja pero que por aquello de la diferenciación medieval dijeron que su sangre era azúl. Ya saben, cosas del romanticismo plebeyo en tiempos difíciles.

Pero al finalizar las crónicas me surge, no con cierta ironía, lo reconozco, como este país llamado España tiene a grupo de vecinos, respetables como el resto, que quieren hacer precisamente lo contrario: echar a la familia Real de la piel de toro. Si Lenin levantara la cabeza, ¡sus conciudadanos pidiendo la vuelta de la familia Real y España pidiendo que se vayan! A lo mejor es que la reflexión ha hecho llegar a estos países que fuera de todo martilleo político sobre la diferenciación y privilegios de clases, lo que de verdad abre muchas puertas al exterior en un país es tener a un embajador con el membrete de Rey o Reina (no se enfaden que en el género se incluye a ambos). Siempre lo digo: antes de hablar, reflexiona lo que vas a decir. Y lógicamente digó el hecho pero no durante cuanto tiempo hay que reflexionar.

A mi, la verdad, este tipo de propuestas me recuerda a nuestro insigne Pío Baroja, del que Azorín decía que le gustaba leerlo no porque aprendiera gramática y afines sino porque las letras de don Pío siempre le llegaban al corazón, en su novela “La busca” su desgraciado y hambriento protagonista, harto de vagabundear por el Madrid de mediados del siglo pasado, se dió cuenta de que la vida se dividía en dos. Una para los que disfrutaban del placer, el vicio y la noche. Otra para los que asumían el trabajo, la fatiga y el Sol. Y estas formas eran tan pararelas que seguían a pies juntillas su definición matemática que nos dice que dos rectas paralelas núnca se cruzan.

A pesar de todo ello, en 2015, algunos con estas propuestas de echar y no reflexionar conseguiran otro de los axiomas matemáticos de las rectas paralelas: que aunque no se toquen si pueden distanciarse infinitamente. En fin, en Rusia se acercan las rectas paralelas hasta hacerlas casi tangentes y aquí nos dedicamos a separarlas.

Un calentito, por favor

Halleme yo mesmo esta mañana por la collación de Sevilla, concretamente a la salida de la calle llamada de La Sierpe pues por motivos de economía había quedado en el corral de don Filiberto para comprarle un pollino de fuertes patas y lomo raso, cuando a la altura del teatro Cervantes (fue donde observe por primera vez el pasado año las piernas de aquellas mujeres que entoldaban sus faldas sobre el escenario. Parecen que se llaman cabareté) vi con más gracia que salero y con más hechura que El Gallo a un señor serio y callao pero con menos pelo que mi tío er Canicas dándose un do de pecho de eso que ahora llaman los forasteros, “churros” aunque aquí en Sevilla y hasta la Cruz del Campo yo aprendiere que su nombre real es el de “calentitos”. Supongo que será por el estado de malaje con que el churrero te da el trozo de masa.
Pues aunque fuere este caso un hecho tonto de esta ciudad realmente porque desde que mi padre me trajo siendo niño a lomos de la burra de mi abuelo yo siempre viere estas situaciones en la gente acaudalada, hoy era todo diferente y eso hizo que mi mente diese pausa a mi cuerpo para que frenare en seco. Hacía caló, si señor, y algunos caballos ya habían sembrado de abono el adoquín tosco del suelo entremezclándose con algunas hojas de coliflor que supongo algún mozo joven perdió o despachó cuando llevaba el mandao a sus clientes. En definitiva, pensé, todo una abono para que de allí los cartujos de la Virgen de la Redención sacaran partido para algún que otro caldo caliente de invierno; de esos que reparten a los menesterosos cuando pasan por la puerta del monasterio más allá del arrabal de Triana al otro lado del río.
Pues verán ustedes. El gachó se estaba comiendo lo calentitos con ¡cuchillo y tenedor! Que locura, pensé. Que educación, aseveré. No hay nada más para aprender modales que ver a los extranjeros de tierras lejanas cuando vienen a sentarse a esta ciudad. Hubiere querido yo hacerme un retrato con el gachó y su cuchillo y tenedor ensartando un caliente pero me daba a mi la espina que no querría. Y no sería porque no estuviera yo de buen ver pues mi Jacinta me había preparado mi mejor camisa y mi más elegante faja donde alojé mi faca de nacar blanco que un tío de mi padre le trajo de tierras moras, sino más bien por miedo a que me clavara en un ojo el cuchillo cuando me destornillara de la risa al verme tan cerca del calentito ensartado. Por Dios, ¡que desfachatez, venir a Sevilla a comer calentitos y lo hace como si pescara un pez!

En fin, se lo diré a mi Jacinta para que me saque de este extravío de conocimiento culinario de hoy aunque, diga lo que me diga, yo le diré como el Buscón de Quevedo “Yo señor, soy de Sevilla…”

Muñoz Seca y sus calles

Según cuentan los vientos que vienen desde la capital del Reino de España, el mayor representante municipal quiere acabar con el nomenclator de algunas calles madrileñas. Y no es una cuestión de movimientos sísmicos en la ciudad que han hecho temblar el pegamento de los azulejos en las diferentes fachadas sino que, amparándose en la Ley de Memoria Histórica, brota aquella idea de Vizcaino Casas sobre los defectos de los españoles y sus pecados capitales. La fuerza política quiere eliminar los nombres de aquellas calles que puedan estar relacionadas con el franquismo, época, dicho sea de paso, negra para nuestro país pero pasada y muy pasada dada la altura del siglo XXI en que nos encontramos.

Pues al igual que hace unos años decíamos aquello de “verás cuando llegue la LOGSE a los padres…” hoy hemos de constatar que también ha llegado a la clase política. Y parece que ha hecho más mella en ellos que en los propios alumnos en edad escolar. Y mira que lo digo: “para poder hablar hay que saber y, para saber, hay que leer”. Pues bien, parece que una de estas calles señaladas con el dedo inquisidor de aquellos que culpan pero no ejecutan por miedo al que dirán (tres cuartos con lo que pasaba en la Santa Inquisición donde el poder eclesiástico sentenciaba y el político ajusticiaba. Y todo para que la Iglesia no fuera tachada de asesina) es la de don Pedro Muñoz Seca. A estas alturas de la vida no voy a recordarles quién fue ese insigne dramaturgo ni lo que aportó a una España de principios del siglo XX harta de pesares políticos e intríngulis monárquicos. Pero si les diré que si algo no fue don Pedro fue franquista por el simple, y más que razonable hecho, de que fue una bala republicana la que lo asesinó junto a una fosa común al lado de cientos de madrileños el 28 de noviembre de 1936 en un lugar de la Mancha llamado Paracuellos del Jarama. Por tanto, populares políticos de la vida madrileña, hagan un simple cálculo numérico (más o menos del nivel de la primaria de este país) y comprobarán que 1936 es anterior a la llegada del franquismo en 1940. Si de algo presumía don Pedro era de su creencia monarquica. Eso sí. Y si mi pensamiento no va mal encaminado, en este año de 2015 la monarquía está plenamente reconocida y constitucionalmente aceptada en esta piel de toro llamada España. Cuestión de fechas, señores políticos del Madrid.

Lo dicho, todo está en los libros. Pero claro, el libro no viene hacía ti. Tú debes ir hacía el. Aunque entiendo que la llegada de la LOGSE provocó en el cuerpo de algunas personas (aquí incluyo a la profesión de político) anticuerpos contra la “infección del saber”, enfermedad crónica y mortal para aquellos que se dedican a creer que la historia comienza y termina cuando ellos, a diario, se levantan y se acuestan.

La verdad es que no siento pena de mi país en estos momentos. Ni siquiera de todo lo cerca que hemos estado del precipicio económico y de la bancarrota. Siento una gran tristeza de cómo pisoteamos a hombres que con la punta de una pluma de ave se partieron los ojos dejándonos sabiduria en sus cuartillas. Y no hablo de Muñoz Seca. Hablemos de un Cervantes o un Becquer ¿o estos eran también franquistas? Déjenme buscarlo en los libros.

“Acabaron de comer, y quedaron unos medrugos en la mesa, y en el plato unos pellejos y unos huesos; y dijo el pupilero: “Quede esto para los criados; que también han de comer: no lo queramos todo.” (La vida del Buscón de Francisco de Quevedo y Villegas. 1606)

Un verano culturalmente rosa

De vueltas ya a las andadas laborales he de decirle, estimado lector, que como habrá comprobado no sigo en este espacio de escritura ni metodología, ni orden alguno sino que salto de materia en materia, unas veces en prosa, otras en verso (entiendo que malísimos) donde me hago eco de hechos y costumbres de este mundo (micro y macro) frío e insípido que nos rodea.

Si bien es cierto que he alegrado mis endorfinas cuando compruebo como  mi asistencia a teatros al aire libre no ha sido en solitario y con un ambiente saludablemente cultural, en las antípodas no he tenido más remedio que redoblar mis ijares al sonreir ampliamente viendo como el español sigue haciendo su deporte nacional playero: leer los boletines oficiales de las crónicas rosas. Nuestra ataraxía no se consigue leendo el rescate de Grecia, las imposiciones de Alemania o el desglose de los presupuestos generales del Estado. Seguimos fieles a nuestros principios: tortilla, playa, flotador y déjeme usted en paz de monsergas económicas y laborales que estoy hasta el gorro. ¡Bastantes insulceses he tenido que escuchar yo! Y lo curioso es que el español vacional no es ningún misántropo en estas crónicas rosas. Ni mucho menos. Gusta discutir, hablar, opinar e incluso si la cosa se pone tensa, hasta afirmar que ayudó a entrar por Urgencias en el Hospital de la Cruz Roja a la mismísima Isabel Pantoja o que ayudó a Amador Mohedano escoger los colores de los farolillos para la inauguración de su nuevo local en Sanlucar de Barrameda. Alguien podrá recriminarme que este síntoma de “rosadez playero” no es más que la crisis económica va quedando en seguindo plano y que el español, cuando veranea, lo hace de verdad.

Yo que sigo con mi cruzada cultural, me gustaría que algunos salieran de esas Batuecas como bien decía Mariano José de Larra, y dejémonos de boletines rosas para las peluquerías y colas en los toros y en el futbol. Porque que mejor momento para aprender cultura (la que define el DRAE) que cuando estamos con la mente virgen de preocupaciones. Si no lo hacemos, D. Bartolomé de Argensala seguirá teniendo razón cuando dijo

“de estos niños Madrid vive logrado

y de viejos tan frágiles como ellos,

porque en la misma escuela se han criado”