El acompañante marinero

Preciosa prosa poética de un autor desconocido por muchos como es Francisco Césari. Se hace notar la profundidad del pensamiento y la palabra densa que hace mascar la lectura, lentamente, con el fin de que el lector se transporte a ese lugar donde transcurre la historia.

Benditos aquellos que saben relatar. Que disfruten y ya me dirán.

Un día te conocí y desde ese día, de ti, no me puedo separar. Recuerdo la vez en que llevé las calificaciones que me dio aquel cura. Me fui cabizbajo mientras tú me consolabas, me animabas porque todo iría mejor a partir de ahora.

No fuimos a casa, quisimos aspirar aquel velo en flor de aquella bodega que tanto nos gustaba ¿te acuerdas como me colaba? Tú siempre detrás de mí. ¡Y que paz! Nos sentábamos junto a un barril y allí, a lo lejos, un gato pintado nos miraba para no sé qué. Estático movía sus bigotes mientras yo daba vueltas y vueltas a qué hacer, decir o cavilar mientras tú me alimentabas con el silencio fresco del lugar y de vez en cuando algún ruido alteraba mi pensar.

Paseaba por el parque……y llegué hasta el mar. Seguí a la gaviota como empezaba a despegar y tú, siempre y sumisa, no hacías otra cosa que abrazar todo aquello que nos envolvía y nos hacía respirar. ¡Que gusto me sentía cuando de ti me podía fiar! Y orillaba el mar, miraba las conchas ¿Dónde estaré con veinte años más? Y tú ¿estarás? Que manía con desconfiar si siempre en el camino me encontrarás.

Ya, tarde, casi la hora de sestear, nos íbamos a escudriñar pinos piñoneros para buscar al camaleón que seguro se acababa de levantar. Le tocábamos y nos fijábamos en su boca sin dientes ¿Cómo podrá masticar? Pero tu siempre callada esperabas que por mi mismo encontrara la forma de avanzar ¡ya está, me acabo de acordar! Esa fue la clase de don Faustino cuando explico la fauna en el pinar. Y yo recitaba, como un bicho más, todo aquello que mi maestro se empeño en enseñar y tu estabas como otro alumno al que costaba entenderme. Pero sabes, al final me servía para subir mi alma a un altar; sé que sabía aquello que algunos se empeñaron en que lo primero era estudiar.

En fin, es hora de volver a casa sin ganas, racheando, a paso corto no sea que tú te vayas a asustar. Dejemos el pinar y tira esas conchas que mañana seguro volveremos por aquí para que puedas pensar. ¿Qué imaginas chiquillo? ¿No te gusta que yo te venga a acariciar? Claro, te lo dije esta mañana, de ti no me puedo separar. Esta noche, al acostarme te volveré a abrazar y con tus pensamientos volaré allí, al más allá, buscaré mi estrella y mi futuro, el que deseo, el que quiero. Ahora te dejo que ahí está mi mama pero está noche duerme conmigo. No tardes soledad. Mi soledad.

(Francisco Césari)

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