Verte para el mañana

La experiencia del afecto y del amor surgen cuando menos se lo espera uno. Será esta la razón por la que el hombre anónimo, el poeta que masca las palabras en la más infinita soledad, termina por definir en deseos lo que no tiene en su origen. Bendita clausura de los autores que saben parir textos que, al menos, alguién leerá. Aunque sea él mismo después de discutirlo con su propia soledad.

Te vi un día

y te quise.

El destino me llamó

no sé porqué…

sólo me tocó.

Te quise un día

y te vi.

Eso es hoy…

quizás mañana lo entienda

toda una vida en espera

que remedio queda.

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